Archivo de la categoría: Relato

Quemar la culpa

culpa

Culpa… ¿de qué?

En el comienzo de su lucha, el guerrero de la luz afirmó: “Tengo sueños”.

Después de algunos años, percibe que es posible llegar a donde quiere; sabe que será recompensado.

Llegado ese momento, se entristece. Ha conocido la infelicidad ajena, la soledad, las frustraciones que acompañan a gran parte de la humanidad, y considera que no merece lo que está a punto de recibir.

Su ángel susurra: “Entrega todo”. El guerrero se arrodilla y ofrece a Dios sus conquistas.

La Entrega obliga al guerrero a parar de hacer preguntas tontas, y lo ayuda a vencer la culpa.
Extracto del Manual del guerrero de la luz (Paulo Coelho)

Culpa

Ayer decidí lanzar a la hoguera un sentimiento que me atenazaba: la culpa. La culpa del adolescente, del adulto que ahora soy.

Elegí un rotulador repleto de tinta roja. Escribí en letras grandes, mayúsculas y separadas, cada una de las letras de ese insidioso sentimiento: La C, la U, la L, la P y la A. No las quería ni sentir en contacto con mis dedos.

El trazo contenía dolor, era una caligrafía demasiado tangible, nacida de la tierra. Levanté el papel para ponerlo a la altura de mis ojos. Miré ese soporte vegetal y noté como ligeras gotas tintadas de rojo, imbuidas de algún pecado ancestral, se deslizaban hacia abajo. Llegaban al límite inferior del papel y se apresuraban a concentrar goterones aun más rojos, aun mas rencorosos. Incluso alguno bajó más allá, buscando la imaginaria linea que lo conectaba con la tierra.

Pensé que esa lágrima roja nunca debía haber abandonado la tierra que la vio nacer.

Inocencia

Ayer decidí devolver a mi vida un sentimiento que añoraba: la inocencia. La inocencia del neonato que aun guardo en mi interior, la pureza de mi niñez.

Elegí una ligera pluma de color azul. Escribí en letras pequeñas y ligadas, cada una de las letras de ese ansiado sentimiento: La i, la n, la o, la c, la e, la n, la c, la i, la a. Sin solución de continuidad, tocándose en lo más íntimo.

Sentí que tal como escribía un aire fresco llenaba esos signos. Al acabar la linea que abrazaba sus letras, no pude evitarlo, de mi laringe brotó el suave susurro que dibujó en el aire el sonido puro de aquella palabra: inocencia.

Solve et coagula

Una vela, temblorosa pero firme, sirvió de hoguera para mi culpa. Una sencilla llama consumió un papel, disolvió mi culpa. Se llevó el pecado y su fealdad.

El papel que sobrevivió (pues siempre debe sobrevivir uno) se coaguló en mis manos. Lo deposité cerca del corazón, cerré mis ojos sintiendo como el calor de mis latidos lo protegía y respiré profundamente su gracia.

Entrego a Dios mi conquista, mi lucha de los últimos tiempos, mi batalla futura. Dios sabrá guardarla entre sus más divinos tesoros: la virtud y la hermosura.

Yo no tengo la culpa de que la vida se nutra de la virtud y del pecado, de lo hermoso y de lo feo. (Benito Pérez Galdós)

El árbol de las moras

El árbol no es otra cosa que una llama floreciente

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El sueño de Goya

El pelele

El pelele

Los prolegómenos en el mundo visible

Las pinturas tienen la extraña capacidad de evocar nuestros sueños. Y las pinturas de Goya parecen incluso algo más proclives a semejante insinuación.

El pasado 22 de Abril mi hijo Marc me comentó que tenia que asistir, junto a un compañero de clase, a una exposición de Goya que actualmente tiene lugar en Barcelona. Tenían que realizar un comentario sobre alguna de las pinturas expuestas allí.

Me sorprendió ¿una exposición de Goya? Yo no tenía ni idea, era la primera noticia que tenía. Tal como lo comentábamos, una imagen acudió a mi mente: El pelele. Una pintura que pude observar con detalle en cierta ocasión, tiempo atrás.

Tuve que insistir para que mi hijo me dejara acompañarle. Finalmente accedió a regañadientes. Ya se sabe que a ciertas edades (y sobre todo, ante sus compañeros o amigos) los hijos suelen renegar de sus padres… cosas de la pre-adolescencia.

Acudimos en coche a recoger al compañero de Marc, Sergi. Tras ello, nos dirigimos hacia la exposición.

Previendo que me costará aparcar por los alrededores del CaixaForum, ellos se apean a la entrada y yo me aventuro a buscar estacionamiento para el coche. Como es una zona cuyas calles y recovecos conozco bien (en la misma falda de la montaña de Montjuïc) confio que encontraré algo con presteza. Estoy ciertamente equivocado…

Pasada media hora, aun merodeo las inmediaciones sin éxito alguno. Tras mucha paciencia, diviso un espacio vacio… demasiado justo… ¿entrará? Entra más justo que la sexta sardina en un lata para cinco sardinas… pero entra. Espero que mi particular entierro de la sardina tenga, al menos, un buen fin.

Abandono el vehículo y tras unos minutos, me introduzco en el espléndido recinto del CaixaForum. A continuación, me acerco al edificio donde se encuentra la exposición… ¡¡vaya cola!!

Supongo que eso es lo que tienen las exposiciones gratuitas. Además, por su ausencia, deduzco que mis dos jóvenes acompañantes ya han entrado. Me armo otra vez de paciencia y me coloco al final de la cola.

La luz precede a la sombra

La luz que precede a la sombra

Mientras estoy en la cola, levanto la mirada y observo el cielo. El dia se pinta de blanco mullido y azul luminoso, lleno de luz, con esa luz tan única y maravillosa de las ciudades que acarician el Mediterráneo. Aprovecho el transcurso de la espera, para disparar una instantánea con la cámara fotográfica de mi teléfono.

Justo en el umbral de la entrada, pienso: curioso.. estoy a punto de acceder a una exposición titulada Goya, luces y sombras… abandono la luz… y entro en las sombras. Dicho y hecho. Tal como entro en la sala, la luz se convierte en una penumbra entre ocre y rojiza que, por sorpresa, pesa sobre los hombros.

Ya en el interior, avanzo rápido en la búsqueda de los estudiantes… Una vez los encuentre, ya volveré sobre mis pasos, para detener mi expectante atención/intuición en las primeras pinturas.

Entro en la primera sala grande y mis ojos son irremediablemente atraídos por una pintura colgada a la derecha: El pelele. Una amplia sonrisa se dibuja en mi rostro. Sabía que estaría allí. Pero ¿cómo podía saberlo? me pregunto. Tan sólo podía haberlo intuido. Pero resulta que mi intuición ultimamente anda tremendamente afilada. Mi intuición esboza, desde el inconsciente, casualidades demasiado increíbles para un mundo racional.

Tras detenerme un instante delante de aquella pintura, fruto de mi más aguda intuición, continuo la búsqueda de aquel par de jovencitos… ¿dónde se habrán metido?

Camino un par de salas más, atravesando las barreras humanas impuestas por pequeñas aglomeraciones, y los encuentro delante de otra pintura. Se trata de La novillada. Al parecer, ésta será la pintura objeto de su trabajo escolar. Les comento que quizás El pelele podría ofrecerles un comentario mucho más trascendente. Ni caso. Ellos continúan enfrascados en la recopilación de información para su pequeño ensayo.

Justo al lado de la pintura taurina, se encuentra una sala interactiva cargada de contenido audiovisual. Como es de esperar, después de abandonar el novillo, mis dos acompañantes se dirigen de cabeza hacia ella. Les sigo. En mi mente, todavía clama al cielo la revisión del pelele, pero me ratifico que encontraré algún momento para mi escapada, ante su imperiosa solicitud presencial.

En esa sala audiovisual encuentro otro pequeño tesoro, un ordenador en el cual corre una aplicación interactiva que se presenta de lo más golosa. Además, cuando fijo un poco más mi atención en la aplicación, una palabra resalta en la página de inicio: crónica, crítica, drama… y sueño. Y mi curiosidad sucumbe.

Sueño es la palabra que yo esperaba encontrar allí, en aquella exposición. Leo, como introducción, las siguientes palabras:

Goya pinta y dibuja con la intención de hablar de una idea o de denunciar alguna cosa. Pero también pinta imágenes que nos recuerdan los sueños o aquello que imaginamos cuando la mente vuela sin que nada la obstaculice. Parece que no tengan sentido, pero, en algunos momentos, Goya solo puede explicar la realidad huyendo de la misma. ¿Y cómo crea estas imágenes extrañas e inquietantes?

Tal como navego por aquel sustrato de los sueños de Goya, voy introduciéndome en su imaginación, en la recompensa de sus ensoñaciones diurnas, fruto, a su vez, de sus sueños nocturnos. Comienzo a notar como mi bello se eriza…

Acabo de engullir todo aquel apetitoso bocado que dispara mi propia imaginación y decido que ya es suficiente: El Pelele me reclama, y me debo a él. Estoy allí solo para introducirme en el sueño de un pelele, un muñeco manteado por Goyescas de risa puntiaguda.

Abandono momentaneamente a mis acompañantes a su (buena) suerte y vuelvo sobre mis pasos. Ya me encuentro delante de mi pintura, un oleo sobre lienzo de 267×160 cm. Lo cierto es que impresiona por sus dimensiones y por su aurea. Antes de (con)centrarme totalmente en ella, leo la pequeña reseña que hay a su izquierda. Nada nuevo. Sé que debo beber aquello que estoy buscando de alguna otra fuente: en el propio sueño de Goya.

Me coloco delante de la pintura, bien centrado. La observo con ojos jóvenes, de abajo a arriba. Parece que me haya estado esperando. Me extraño, una vez más, porque aunque la exposición esta abarrotada de almas, nadie se interpone entre mi mirada y la sutil presencia del oleo. Esa pintura desea hablar, entablar un dialogo, pero sólo con mi alma.

Comienzo a fijar todos (repito, todos) mis sentidos en esa metafórica creación de Goya. Siempre que he conseguido esa atención plena, fijar todos los sentidos en algo, el mundo circundante se va disolviendo, desapareciendo. Eso es, de hecho, lo que deseo en este momento.

El sueño en el mundo invisible

Mi experiencia sensorial se diluye lentamente y se traslada al mundo de las reminiscencias del mundo nocturno, aquel en el cual rigen los sueños. Paulatinamente voy acercándome a aquella linea que separa lo visible de lo invisible, la vigilia del sueño, el razonar del sentir, la tierra del agua.

Me aproximo a terrenos misteriosos, enfangados, pantanosos, donde se mezclan arenas de diferentes grosores y aguas de diferentes colores.

Algunos califican estos terrenos de yermos, y transitan rapidamente por ellos, sin detener la más mínima atención. Yo no, pues los conozco de otras experiencias y sé que una estancia indefinida en los mismos, permite obtener la clave de la infinita fertilidad de ambos mundos.

Y ahí es donde yo quería llegar: a un dominio en el cual mi intuición, el sexto sentido, sea capaz de atravesar los trazos de la pintura que los ojos muestran a mi espíritu… y contactar con el sueño que germinó la totalidad de la obra: el del autor. Sólo así podría obtener las respuestas que yo buscaba.

Porque mis agitadoras preguntas, las más profundas, aquellas que me habían plantado allí, delante de aquel lienzo, son las siguientes: ¿quiénes son esas mujeres que mantean al pelele? y ¿quién es ese muñeco inerte?

Poco a poco, mi intuida revelación se va inflando, toma el aire de chispeantes ensoñaciones que conectan el pasado y el presente.

La mujer más a la izquierda me habla, su lenguaje es confuso, repleto de letras de diferentes colores y tamaños. Demasiado joven, demasiado inconexa. Pero reconozco su magnetismo. En (demasiadas) ocasiones, su inocente atracción me sedujo, me cautivó sin yo desearlo. He desenmascarado al delirio, forma primigenia de la locura.

La mujer situada detrás, en el centro, posee una nariz amplia, ojos separados y una risa pérfida, desalmada. Su risa la delata de forma escandalosa. Cuando tengas la desgracia de escucharla, al mismo tiempo, podrás sentir como un anillo que oculta en su mano te desgarra cualquier dulce sabor que pueda albergar tu boca. Se trata de la desesperación.

La mujer colocada más a la derecha está ataviada con sugerentes gasas, su sonrisa es limpia, su boca es andrógina pero sensual. Una sensualidad que enloquece a los que la besan. Una vez te atrapa, será difícil deshacerte de su encanto. Ella y su hermana melliza, la desesperación, jugarán con tu alma hasta destrozarla. Sin ninguna piedad. Esa boca, la más dulce, la más amarga, pertenece al deseo.

¿Y quién es la mujer que se encuentra dándome la espalda? Mira al muñeco de forma serena. No se divierte con el manteo. Se sabe conocedora del último secreto que descubrirá aquella marioneta. Algunos muñecos habrán podido escapar al juego de sus tres compañeras, pero nunca al suyo. Ella, vestida de oscuridades y negruras, es la muerte.

Y ese muñeco con una máscara inexpresiva en la cara, con los miembros torcidos, casi descuajados. Ese espantajo que es manteado compulsivamente entre risas y silencios. Ese títere que busca una paz olvidada. Ese pelele era Goya… y ese pelele he sido, soy y seré yo mismo.

Dedicatoria

la linterna mágica

La linterna mágica

Esta entrada está dedicada a una Linterna Mágica. Sin la semilla que su mágica luz plantó en la pantalla de mi imaginación, todo este relato no habría tenido lugar ni en el mundo visible, ni en el mundo invisible.

Los puentes permiten el abrazo de dos riveras. Permiten el paso entre dos mundos, mientras por debajo, las aguas bailan al son de una luminosa banda sonora.

La magia es un puente que te permite ir del mundo visible hacia el invisible. Y aprender las lecciones de ambos mundos. (Paulo Coelho)

Si te ha interesado esta entrada, también te podría interesar: los Eternos, de la novela gráfica The Sandman.

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Nicanor Parra: el antipoeta

Nicanor Parra: el hombre imaginario

Nicanor Parra: el hombre imaginario

El hombre imaginario
vive en una mansion imaginaria
rodeada de arboles imaginarios
a la orilla de un rio imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcon imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindo su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario

Antipoema El hombre imaginario (Nicanor Parra)

Las casualidades de la vida

Parranda larga de Nicanor Parra

Parranda larga

Nicanor Parra llega a mi vida por una serie de casualidades acentuadas, de aquellas que, secuela tras secuela, te hacen centrar la atención reiteradamente en algo o alguien.

La primera reseña suya me llega a través de un autor al que adoro (Alejandro Jodorowsky) el cual, a su vez, adora a Nicanor. Por tanto, es en un libro de Jodorowsky donde empiezo a notar las primeras cosquillas que producen las letras de Nicanor.

Posteriormente, descubro el día de mi aniversario que le han otorgado (que no entregado) el premio Cervantes.

Varios meses más tarde, en el dia internacional del libro, mientras hago cola en una sucursal bancaria, fijando mi atención en un diario que alguien ha dejado abierto en cierta (y casual) página, me entero que ese mismo día le hacen entrega del premio Cervantes.

Más tarde, y puesto que se trata del día de Sant Jordi, me acerco a mi librería de confianza en Barcelona para auto-regalarme unos cuantos libros. Tengo suerte y encuentro todo lo que busco.

Mientras me encuentro en una de las colas, listo para pagar, oigo que una señora dice (más bien grita) a su marido que la otra cola es menos larga y que haga el favor de encolarse donde toca. Me doy por aludido y, aunque no suelo hacerlo, me cambio de cola junto a la pareja, comprobando y agradeciendo que la señora en cuestión estaba en lo cierto.

Mientras avanzo lentamente en la nueva cola, voy hojeando algunos de los libros que se encuentran en los estantes adjuntos… ¡Anda, Parranda Larga de Nicanor Parra! lo cojo y lo hojeo, las hojas vuelan, una cae ante mis ojos… “El hombre imaginario”… leo con atención… ya he decidido que un día es un día y que voy a sumarlo a la cesta de mi compra.

La vida, mi vida, funciona así: por casualidades.

Yo de mayor quiero ser antipoeta

Nicanor Parra

Nicanor Parra

Nicanor Parra es uno de aquellos hombres que valora el Arte de la Ciencia y la Ciencia del Arte. Licenciado en Ciencias Exactas y Físicas, sabe que todo espíritu científico lleva en su interior un poeta, o incluso mejor: un antipoeta. Ya se ha creado la etiqueta. Todo genio debe crear una y, a ser posible, asignársela.

El antipoeta es un catalizador de la antipoesía, alguien que sabe invocar los espíritus contrarios a la corriente preponderante.

El antipoeta está ahí para que el árbol no crezca torcido. El antipoeta no cumple su palabra si no que cambia los nombres de las cosas. El antipoeta, como todo antipoeta que se estime a sí mismo, debe tener su propio diccionario.

Yo de mayor quiero derruir y construir mi corazón. Ningún techo, ningún suelo, tan sólo puertas y ventanas… Yo de mayor quiero ser antipoeta.

El poeta es un hombre como todos, un albañil que construye su muro: un constructor de puertas y ventanas. (Nicanor Parra)

A lo más que se puede aspirar / Es a dejar dos o tres frases en órbita / Que yo sepa don Mario dejó al menos una: / La muerte y otras sorpresas // ¡Señor mío, la frasecita!
(Dedicado a la muerte de Mario Benedetti, Nicanor Parra)

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El silencio es…

El cielo sobre Berlín

El cielo sobre Berlín

El silencio es…
la acogida de una gota por el agua
el remanso de una voz sobre la nieve
(lo que sigue a un susurro)
el ocaso de una brasa por el fango
la caricia de una piel sobre la arena
(lo que anhelan los dedos)

Poema de Irene Zoe Alameda extraído del libro de Silenci?

Una imagen… de silencio

Silenci? era (por desgracia desapareció en el 2008) un programa de la televisión pública catalana que se preocupaba por las más variadas inquietudes artísticas. En cada programa se entrevistaba a algún personaje de este ámbito. Para acabar la entrevista, se le pedía al entrevistado que propusiera una imagen de silencio.

Yo también me hacía la pregunta… y, no me preguntéis porqué, pero mi imagen de silencio era (y continua siendo) la siguiente:

Un ángel en el cielo sobre Berlín

Un ángel en el cielo sobre Berlín

Esta imagen se encuentra al inicio de un excelente largometraje del cineasta alemán Wim Wenders: El cielo sobre Berlín. Un film que trata sobre ángeles que pierden sus alas y caen a la tierra.

Cuando estuve de visita en Berlín, era inexcusable visitar la columna de la victoria (pues desde allí saltaba otro ángel en la segunda parte del film anterior). La foto de arriba la hice desde la base.

Llegamos (mi hijo y yo) al monumento cuando estaban a punto de cerrar el horario de visita del mismo. Accedieron a vendernos el ticket pero nos dijeron que en 15 minutos cerraban y que el ascensor ya estaba fuera de servicio. Me dije: no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Y subimos por la escalera. Fueron 69 metros y 285 escalones en caracol. Los subimos corriendo… el esfuerzo fue grande… pero valió la pena.

Cuando llegamos arriba, nuestros corazones se salían por la boca. La panorámica era espléndida desde la cumbre. Tampoco podíamos hablar mucho (pues todavía intentábamos recuperar el aliento perdido) pero hay momentos en los cuales es mejor no romper el silencio de las alturas. Es mucho mejor pararse a escuchar el sonido de los latidos de tu corazón.

Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo. (Ludwig van Beethoven)

Las alas del deseo

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Un soplo en el corazón

Un soplo en mi corazón

Un soplo en mi corazón

Family: Un soplo en el corazón

Hay discos que marcan tu vida: Un soplo en el corazón del duo donostiarra Family es uno de los que marcó mi vida. Les tienes un afecto especial porque consiguieron arrancar una parte de tu alma para fundirla con sus acordes y sus letras.

Este album me enseñó a pasear por el borde de una piscina sin perder el equilibrio, a ser aviador y sobrevolar países colindantes… y sueños polares. Me invitó a comer limones sin dibujar una mueca en mi rostro. A vigilar las estrellas desde los tejados. Me alentó a estar atento a las miradas, a ser un vigía de mapas imaginarios. Esta obra tuvo, tiene y tendrá la extraña facultad de nublar mi vista y mi corazón.

Family en un día nuboso

Family en un día nuboso

Una anomalía única

Esta obra anómala (por su perfección) fue la única obra de sus dos autores: Javier Aramburu y Iñaki Gametxogoikoetxea. Parece como si, después de haberse percatado de la excelencia de la obra que crearon, hubieran decidido finiquitar su legado creativo. Quizás pensaron que jamás podrían volver a crear nada tan impecable.

Hace unos cuantos años, en una revisión médica rutinaria, detectaron una pequeña disfunción en mi corazón. Después de unas pruebas adicionales me confirmaron el diagnóstico. Recuerdo las palabras que pronunció el médico: tiene una pequeña anomalía en su corazón: un soplo. Es algo que no se puede curar pero no se preocupe por ello, podrá hacer una vida totalmente normal. Al salir del centro médico me sonreí y pensé para mis adentros: gracias a Dios… ahora tengo la completa certeza de que tendré por siempre un soplo en mi corazón.

Entre la fe y la incredulidad, un soplo. Entre la certeza y la duda, un soplo. Alégrate en este soplo presente donde vives, pues la vida misma está en el soplo que pasa. (Omar Khayyam)

El bello verano nos permite volver a nadar en el mar

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Mare Nostrum

Mi paisaje favorito de Catalunya

Mi paisaje favorito de Catalunya

Las palabras son lágrimas escritas. Las lágrimas son palabras que necesitan llorar. Sin ellas, ninguna alegría tiene brillo, ninguna tristeza tiene final.

Por lo tanto, gracias por tus lágrimasMare Nostrum
Extracto del libro Aleph, Paulo Coelho.

Nuestro mar: Mare Nostrum

El Mare Nostrum es un mar curioso, no muy extenso (comparado con ciertos oceanos) y prácticamente hermético. Por milenios, ha sido cuna de algunas de las más grandes civilizaciones de la historia. Sus aguas han bañado a poetas inmortales y a faros que fueron guía para la humanidad.

Su esencia entrega a todos los que somos bañados por él, una luz única en el mundo, un aroma especial de oleajes y relieves, un murmullo peculiar de brisas y vegetación, un pigmento ligeramente dorado en la piel , el gusto por una gastronomía compartida en toda su ribera… a la fin, una forma de saborear la vida totalmente singular.

Mi mar: el Mediterráneo

Nunca sabemos con certeza donde nos llevará la vida, pero sea donde sea que me lleve mi existencia (y cualquiera que sea su prolongación) la esencia del mar Mediterráneo continuará siempre conmigo, en lo más profundo de mi intuición. Este mar me enseñó a nadar… y también que sus lágrimas eran una pura extensión de las de mi corazón.

Siempre que me baño en sus aguas, me dejo flotando en él, boca arriba, con las manos en cruz. Comienzo a sentirlo… y me abandono. Dejo mis ojos entreabiertos mientras centelleos de sol, agua y rocas me deslumbran. Siento como abraza mi piel erizada con su cálida frescura. Escucho su rumor entre sordo y tintineante. Respiro y saboreo su eterno salitre. Sus lágrimas y las mías se fusionan en un único corazón. Donde no llegan las palabras… siempre llegarán las lágrimas.

Debe haber algo extrañamente sagrado en la sal: está en nuestras lágrimas y en el mar. (Khalil Gibran)

Al mar (Mediterráneo) según Manel

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Los cuentos del futuro

Un cuento, de tanto en tanto, no hace daño

Un cuento, de tanto en tanto, no hace daño

Ojalá todos los niños fueran tan osados como los de Forges. A veces, es más fácil que se entretengan con todo tipo de dispositivos electrónicos. Éstos no están del todo mal… pero en su justa medida.

La lectura: Cuentos de todos los colores

Cuentos de todos los colores

Cuentos de todos los colores

Los cuentos son maravillosos para incentivar en los niños el hábito de la lectura y la comprensión, el vocabulario, la imaginación y los valores. Además, si son compartidos entre padres e hijos, la experiencia puede ser tremendamente enriquecedora. Tal experiencia crea unos valiosos lazos emotivos entre los participantes. Puedo asegurar que es así.

Hace unos años busqué un libro de cuentos para compartir con mi hijo. Buscaba un libro que contuviera cuentos no demasiado extensos (unas cuantas páginas a lo más) y encontré esta pequeña maravilla: Cuentos de todos los colores. Es una recopilación de cuentos de una gran diversidad de paises del mundo: uno por país. Este libro enseña, por tanto, la pequeña sabiduría encerrada en cada relato y, de regalo, el valor de la pluralidad. Aprender que todas las culturas del mundo nos pueden ofrecer algo de su inmensa sabiduría es algo impagable.

Con este libro entre manos, mi hijo y yo, compartimos inolvidables tardes de domingo. Leyendo, algún rato él, algún rato yo. Aprendiendo pequeñas moralejas extraídas de diferentes puntos de la geografía mundial. Repito, inolvidable.

Además, este libro plantó una diminuta semilla en nuestros corazones: la de visitar los países que conformaban tan peculiar geografía. Nos convirtió en aviadores imaginarios.

La escritura: los cuentos del futuro

Y después del tiempo de la lectura, ahora llega el tiempo para la escritura. Después de habernos empapado de cuentos, de novelas, de cómics y de países… vamos a iniciar una nueva etapa: la creativa.

En otro artículo ya explique que los mapas mentales son una excelente herramienta para la creación/narración de cuentos en grupo. Ha llegado el momento de utilizar todos los medios a nuestro alcance para plasmar nuestra memoria y nuestra imaginación en palabras y pinturas. Ha llegado la hora de crear los relatos que constituirán el relato de nuestro futuro.

Hoy mismo es el aniversario de mi hijo Marc: cumple 14 años. Es un día que me recuerda la fortuna del primer día que lo tuve entre mis brazos. Hoy le he entregado un vale por una vuelta al mundo (gracias a Mariana, por su casual susurro desde Chile el día de mi último aniversario) que realizaremos una vez haya cumplido 18 años. Una vuelta al mundo que será pagada exclusivamente por el fruto de nuestra creatividad.

Y ahora ya está escrito, por duplicado: en un vale y en el blog de las dos gotas de sangre: Rojo Transitorio. Incluso tengo la certeza de que ya estaba escrito en algún lugar. Creo que mi corazón sólo ha recordado un eco del futuro. Pero ahora el compromiso se ha convertido en algo inexcusable: Verba volant scripta manent.

Uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe. (Jorge Luis Borges)

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La última lista

Linternas flotando

Linternas flotando en un mar de casualidades

Ficción… o realidad

Algunas veces la realidad parece querer superar a la ficción… Hace un tiempo acudí a la consulta médica para descartar ciertos malos presagios que rondaban mi cabeza. Había detectado una ligera protuberancia en cierta zona de mi cuerpo, acompañada de un anómalo dolor en la misma area que me intranquilizaba. Expuse todo a la doctora y ésta me propuso realizar una prueba radiológica para que me quedara tranquilo…

Ahora, con el paso del tiempo, creo que tengo suficientes elementos de juicio para valorar si mi experiencia sobre todo lo sucedido fue desgraciada o agraciada.

Una cadena de casualidades

La realidad nos presenta ciertos hechos con apariencia de casualidad… pero, detrás de esa engañosa apariencia, hay una extraña causalidad.

Quizás fuera casualidad que, el mismo día que me hicieron aquella prueba radiológica, escribiera esta entrada. Una entrada para revisar la última lista de un ser de ficción, para recrear una última lista propia. Una lista que me recordara algunas de las cosas que permiten a mi corazón latir con fuerza. Una lista que me recordara que la vida, con certeza, algún día se acaba.

Quizás fuera casualidad que, días después, recibiera el resultado de aquella prueba radiológica. Contenía algunos términos cuya interpretación estaba cargada de desesperanza. La comprensión posterior de aquellos términos detuvo los latidos de mi corazón por unos instantes. Eran palabras duras que avalaban malos presagios.

Quizás fuera casualidad que, unos meses después, una serie de pruebas adicionales invitaran a descartar el mal augurio de aquellas sombrías palabras. La vida le había hablado a mi corazón: tienes una segunda oportunidad… no la desperdicies… pero recuerda tu última lista.

Como alguien dijo una vez: “podría contar mi vida uniendo casualidades“. Sí, es así, pero tales casualidades tienen un origen que se nos escapa. Creo que podrían ser interpretadas como oportunidades, muchas oportunidades para remendar errores pasados y tejer aciertos futuros.

Oportunidades

Con el tiempo, he apreciado que debemos aprender a descifrar las “casualidades” de la vida. Que, en muchas ocasiones, estas casualidades no son más que oportunidades que nos brinda la vida para mejorar. Que hay que dar las gracias por tales oportunidades… y que la vida, sin ser uno mismo, sin pasión por la misma, es como una muerte en vida.

No desperdicies oportunidades. Crea esas oportunidades con tu corazón. Escribe tu última lista hoy mismo. No olvides añadir algún sueño (aunque te parezca un sueño imposible, deja un lugar para él en esa lista) Y sobre todo: vive como si fueras a morir mañana, sintiendo cada instante de tu existencia con la máxima pasión, siendo realmente tú.

Las oportunidades son como los amaneceres: si uno espera demasiado, se los pierde. (William George Ward)

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Soñando… con las cartas del destino

The Sandman

Sueño, Destino y el resto de eternos

Dicen que Destino, aquel que reparte las cartas de nuestra suerte, es ciego y está encadenado a un libro donde todo está escrito de antemano. Creemos que su ceguera viste al azar, pensamos que no podemos torcer el trazo grabado en las páginas de su libro. Incluso dejamos que algunos vestigios nos aconsejen antes de apostar, permitiendo que susurren levemente en nuestro oído. ¿Serán aliados de la certeza o del engaño? nos preguntamos al escucharles…

Pero sólo nosotros podemos engañarnos eludiendo aquello que está escrito. Porque es totalmente cierto: ya está escrito. Pero desconocemos la lengua de tal escritura, pues sus designios fueron moldeados por Arcanos anteriores a la propia eternidad.

Dicen que el Señor del Sueño, hermano de Destino, tampoco conoce el lenguaje de los designios impresos en tal libro, pero yo no lo creo… Los sueños desvelan, de tanto en tanto, y sólo a aquellos que se aventuran con convicción en su esencia, la puerta hacia un dominio donde se oculta la clave más deseada: aquella que permite descifrar la más antigua de todas las lenguas.

También dicen que, si consigues esa clave, no debes mirarla, porque si lo haces, cambia de forma para así evitar ser comprendida. Cuelga esa llave de una cadena y déjala cerca de tu corazón, allí donde los sentimientos centellean con más libertad. Entonces, déjate guiar por ella

Las cartas ya están servidas, ahora es tu turno en el juego: comienza a descifrar las cartas que ha repartido el destino… y atrévete a sentir como éstas se transforman en aquellas que tu deseas. Pero vive ese sentimiento como cierto porque si posees la llave que obtuviste en lo más profundo del sueño, la magia jugará a tu favor… has aprendido a leer el lenguaje oculto de las cartas del destino.

El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos. (William Shakespeare)

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Un deseo (musical) para el 2012

Música para el corazón

Música para el corazón

Date prisa, estoy soñando…

Cuando me despierto, intento arañar la mayor cantidad de reminiscencias del último sueño, aquel que delimita el traspaso entre la somnolencia y una dubitativa vigilia. Voy a relatar la síntesis de mi último sueño: un deseo personal para el 2012.

Siempre me encanta ojear algún cómic en la cama antes de dormir. De esta manera mi consciencia deambula cerca de la frontera entre el color del papel y la oscuridad del sueño. También así puedo llevarme al reino del sueño alguna evocación del relato mientras empieza la caída en el mismo. No se por qué, pero siempre he imaginado aquel reino situado por debajo del mundo de la vigilia, como un inframundo. Por ello, pienso que desciendo.

Anoche me adormecí releyendo una de mis novelas gráficas preferidas: el Incal. Y lo hice con un fragmento en el cual aparecía John Difool (el protagonista de la novela) en un club de dudosa reputación, mientras se adentraba la medianoche en la ciudad-pozo. John se encontraba sentado ante una mesa de cristal sobre la cual una chica del club bailaba de forma sensual para su exclusivo deleite.

Dada mi perspectiva, no podía ver muy bien la cara de la bailarina. Pero sí podía distinguir la estilizada espalda de su figura y un peculiar color/corte de cabello: algo en ella me resultaba ciertamente familiar. Tenía la clara intuición de que aquella era la misma chica que en otro sueño había conseguido despertar en mi un aletargado y centelleante amor a primera vista.

En un giro rápido, pude ver su cara por más de un instante y reconocerla: era Animah, personaje del mismo relato, que comparte aventuras con John. Lógico, me dije. Incluso mis sueños se rigen por cierta lógica.

Pero cuando volví a fijar mi atención en la escena, John había desaparecido, y Animah se encontraba sola, sentada en la mesa de cristal que antes había servido de plataforma para su baile. Parecía llorar, aunque no podría asegurarlo. Entonces pensé en dirigirme hacia ella. Pero no pude decidirme, algo en mi mente parecía inmovilizarme e impedirme dar el primer paso. En la duda, mi sueño se desvaneció… y entreabrí los ojos.

Me desperté y tras traer de vuelta a la incipiente vigilia aquella escena, reflexioné acerca de que es lo que me impedía acercarme a alguien que realmente había despertado mi interés. Quizás el miedo a ser ignorado o rechazado, pensé. No lo sabía… había sentido imperiosamente que debía aproximarme a una parte de mi alma que se perdió tiempo atrás… pero no lo hice.

Por todo ello, este es mi deseo para el 2012: reencontrar a Animah en el mundo de la vigilia para enmedar mi indecisión y (re)conocerla de veras. Aunque parece ser que todo está escrito (Maktub) el destino siempre juega a favor de aquellos que siguen el dictado de la verdadera esencia de su alma: Amor Fati. Yo ya he escrito la primera letra de esta canción, ahora sólo hace falta que algún fragmento perdido de mi alma escriba la música.

La música empieza donde se acaba el lenguaje. (E.T.A. Hoffmann)

El signo de Animah

El signo de Animah

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