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Sensibilidad zen

Zen

Zen

¿De dónde vino mi vida?

¿Dónde irá?

Junto a las ventanas de mi tosca choza
busco mi corazón en silencio profundo.

Aunque busco y busco,
no encuentro dónde empezó todo,
¿cómo voy a encontrar su final?

Ni el momento presente se puede captar;
todo cambia, todo es vacío:
este yo solo existe por un momento en esa vacuidad.

¿Cómo decir si algo es o no es?

Es mejor quedarse con esos pensamientos pequeños,
dejar que las cosas sigan su curso sencillamente
y así, ser natural y tranquilo.

Autor: Daigu Ryokan
Fuente: Poema Zen de Daigu Ryokan en Antheis, El Paladín

Daigu Ryokan fue un gran maestro y poeta japonés dentro de la tradición del Budismo Zen. Su maestro Dainin Kokusen lo bautizó como Ryokan (inmensa bondad) y el mismo, a la muerte de su maestro, se antepuso Daigu (gran idiota)

El hizo de su vida una antología de bondad y poesía, de generosidad y sensibilidad. Si un hombre así decidió llamarse a si mismo gran idiota, me pregunto que seremos los demás. Yasunari Kawabata definió su poesía en los siguientes términos:

La síntesis de poesía y el conocimiento, un conocimiento del que la palabra puede valer como el silencio. (Fuente: Daigu Ryokan en Ashram Arunachala)

Palabras y silencios. Ya me dijo una vez mi abuelo paterno (que en paz descanse): si no tienes algo importante que decir, mejor que estés callado.

Aunque esta aseveración, tomada al pie de la letra, te convierte en un mudo en potencia, pienso que mi abuelo no andaba desencaminado. Yo, tomándome su afirmación al pie de la letra, durante mucho tiempo fui demasiado parco en palabras, demasiado extremo en silencios. No supe interpretar correctamente aquellas sabias palabras.

Mejor callar las palabras superfluas. Mejor dejar reposar los pensamientos agitados. Mejor permitir que nuestra momentánea calima, en brazos de un suave viento, descanse sobre el inmenso mar de nuestra alma.

Libre de ataduras, como una bruma arrastrada por el aire, me dejo llevar hasta donde me quiera dejar el viento. (Daigu Ryokan)

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Ser o interser, he aquí la cuestión

Un pájaro poeta mirando una nube de papel

Un poeta sediento mirando una nube de papel

Si eres poeta, verás claramente que flota una nube en esta hoja de papel. Sin nube, no habrá lluvia; sin lluvia, los árboles no crecen; y sin árboles, no podremos hacer papel. Para la existencia del papel es esencial la nube. Si no está la nube, tampoco puede estar el papel. Así, podemos decir que la nube y el papel inter-son. La palabra “interser” aun no esta en el diccionario, pero si combinamos el prefijo inter con el verbo ser, tenemos un nuevo verbo, interser. Sin una nube, no podemos tener papel, de modo que es posible decir que la nube y la hoja de papel inter-son.

Si miramos más profundamente esta hoja de papel, veremos en ella la luz del sol. Sin la luz del sol, el bosque no puede crecer. De hecho, nada puede crecer. Aún nosotros no podemos crecer sin la luz del sol. Así pues, sabemos que el sol también está en esta hoja de papel. El papel y el sol inter-son. Y si seguimos mirando, podemos ver al leñador que cortó el árbol y lo trajo al molino para transformarlo en papel. Y podemos ver el trigo. Sabemos que el leñador no puede vivir sin el pan cotidiano, así que el trigo que se convirtió en su pan también está en esta hoja de papel. Y el padre y la madre del leñador también están. Cuando lo vemos así, vemos que sin todas estas cosas, esta hoja de papel no puede existir.

Mirando aún con mayor profundidad, vemos que nosotros también estamos en ella. Esto no es difícil de ver, porque cuando miramos una hoja de papel, forma parte de nuestra percepción. Tu mente está aquí y la mía también. Así que podemos decir que todo está aquí en esta hoja de papel – el tiempo, el espacio, la tierra, la lluvia, los minerales de la tierra, el sol, la nube, el río, el calor. Todo coexiste con esta hoja de papel. Es por ello que creo que la palabra interser debería estar en el diccionario. “Ser” es interser. No puedes ser por ti mismo; tienes que interser con todas las demás cosas. Esta hoja de papel es, porque todo lo demás es.

Supongamos que tratamos de regresar uno de los elementos a su origen. Supongamos que regresamos la luz al sol. ¿Crees que esta hoja de papel sería posible? No, sin la luz de sol nada puede ser. Y si regresamos al leñador a su madre, tampoco tenemos papel. El hecho es que esta hoja esta hecha sólo de elementos que no son papel. Y si regresamos estos elementos a sus orígenes, no puede haber papel del todo. Sin los elementos que no son papel, como la mente, el leñador, la luz del sol, no habrá papel. Así de delgada como es, esta hoja de papel contiene todo el universo.
Extracto del libro Ser paz y el corazón de la comprensión de Thich Nhat Hanh
Fuente: Interser en Que se abra tu corazón como las flores

Una ley de causalidad universal

Otra vez el gran poeta/maestro budista Thich Nhat Hanh nos ilumina con su inagotable sabiduría en este bellísimo texto. Describiendo de forma sencilla una ley de causalidad que nos vincula con el resto del universo: el pasado, el presente… y el futuro.

Existimos relacionados con todo lo demás. Esta interrelación forma parte de una ley de causalidad universal que la tradición budista denomina karma.

Somos una misma cosa con todo lo que ha existido, existe… o existirá.
No somos por nosotros mismos.
Ni mucho menos, somos lo que tenemos.

Si soy lo que tengo y lo que tengo lo pierdo, entonces ¿Quién soy? (Erich Fromm)

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Física cuántica y consciencia

Aparte del rimbombante título (El Apocalipsis cuántico del universo holográfico… no me gusta nada) este pequeño documental es una mina. Una mina cuyas galerías he ido investigando en los últimos meses de forma sistemática a la búsqueda de respuestas para algunos de los más sorprendentes descubrimientos de la Ciencia en los últimos tiempos.

Descubrimientos que mi intuición me grita, con voz alta y clara, que debo investigar aun más porque contienen claves fundamentales para una comprensión más profunda de mi propia existencia.

Recopilo en este artículo, bajo la transcripción de las palabras de algunos de los investigadores que aparecen en este video, mis propias conclusiones con un lenguaje lo más asequible posible.

El observador y la dualidad onda/partícula

Si desea ver miedo en los ojos de un físico cuántico, sólo mencione las palabras “El Problema de la Medición”. El Problema de la Medición es este: Un átomo sólo aparece en un lugar determinado si es medido. En otras palabras, un átomo está extendido por todas partes hasta que un observador consciente decide mirarlo. Así que el acto de “medición” u observación crea el universo entero. (Prof. Jim Al-Khalili)

Sólo los seres conscientes pueden ser observadores, entonces, estamos íntimamente interconectados con la existencia misma de la realidad. Sin nosotros habría sólo esta superposición creciente de posibilidades sin que nada definitivo suceda nunca realmente. (Dr. York Dobyns)

Aquello que creemos que sustenta nuestra (decididamente materialista) realidad tiene una misteriosa naturaleza dual. Es a la vez onda (una especie de energía) y partícula (una especie de materia). Pero lo más curioso, es que, a nivel subatómico, se comporta como materia solo cuando es observada, cuando se intenta medir. Está claro que el observador, por el hecho de intentar medir la realidad, la está determinando de alguna forma. Técnicamente hablando, está colapsando una nube de probabilidades/posibilidades en una opción.

La pregunta clave aquí sería si además de determinar la realidad a través de la observación… ¿la puede condicionar de alguna forma? ¿tiene alguna capacidad de decisión? Si fuera así, nuestra consciencia podría estar modificando el mundo, el universo que nos rodea, sin darse cuenta. ¿A alguien le suena este enigma?

Entrelazamiento o enmarañamiento cuántico: en aras de la unidad

Bueno, ¿Cómo puede ser esto?. Lo que significa esto es que una vez que la materia es físicamente unida incluso cuando luego se separa, la energía aún está ahí, conectándola. Por eso es importante para mí, porque si retrocedemos lo bastante en el tiempo, todas las partículas y la materia de este universo entero que se expanden estaban todas unidas en una sola partícula del tamaño de un guisante verde. Es lo que la ciencia nos dice hoy, lo que los modelos informáticos sugieren, que si entrara al universo y tomara todas las partículas de materia y todo el espacio entre ellas, uniéndolas y comprimiéndolas al tamaño de un guisante verde, significa que usted y yo y todos nuestros oyentes fuimos una vez parte de la misma partícula que crea este universo entero hoy. E incluso ahora, que estas partículas están separadas y expandiéndose, y los estudios demuestran que lo están, todos seguimos energéticamente vinculados. (Gregg Braden)

Aquí Gregg Braden habla de una unidad (a un nivel energético, para entendernos) que existió en un pasado y que se supone que se debería mantener aunque nuestro universo se encuentre en proceso de expansión. Tiene cierta lógica ¿no?

Si fuera así, todas las cosas (energía y materia) en este universo estarían vinculadas de alguna forma. Este vínculo es mucho menos fantasmal (es decir, mucho más real o verdadero) de lo que se creía hasta ahora. La física (con experimentos reales, comprobados) y las matemáticas ya han demostrado que es así.

Pero curiosamente no se hace mucha publicidad de este increíble descubrimiento (quizás sea también porque es algo difícil de comprender y hoy en día sólo interesan hechos que quepan en un mensaje de twitter). Además, supongo que a muchos gobernantes de este mundo no les interesaría que se hiciera mucha publicidad del asunto. Si todos estuviéramos tan vinculados, si todos fuéramos una misma cosa, se quedarían sin trabajo. Y eso no interesa…

Este excelente artículo (aviso que requiere mucha mucha atención) lo describe en profundidad. Resumiéndolo, el entrelazamiento cuántico viene a decir que la realidad no es local, que un cambio en un lugar del universo está afectando al resto del universo. ¿Conocéis el efecto mariposa? Pues esto sería como un efecto mariposa pero que afecta a todo el universo de forma instantánea. Vértigo… ¿no?

Si la [teoría] cuántica es una teoría completa, la realidad no es local. Hasta este momento, se había considerado que un cambio en cualquier componente del Universo sólo producía un cambio en su inmediata vecindad, que luego podía ir propagándose (como mucho, a la velocidad de la luz) hasta alcanzar puntos alejados de él según pasaba el tiempo. Por ejemplo, si tú tienes un objeto y yo otro, y tu objeto cambia, ese cambio no afectará a mi objeto hasta que haya pasado un tiempo determinado (tanto más grande cuanto más alejados estén los objetos) Por lo tanto, de acuerdo con la teoría clásica, si yo quiero estudiar mi objeto durante un tiempo corto, puedo ignorar los cambios que tú puedas realizar sobre el tuyo, porque no llegarán a afectar al mío. Pero, si la teoría cuántica es completa […] un cambio en uno de ellos puede producir cambios en otros de manera instantánea, por muy alejados que estén de él, sin que haya una mediación de cambios intermedios a través del espacio que los separa. Esa realidad no es local: no puedo describir una parte del Universo sin describirlo todo, porque los cambios se producen “en todo a la vez”, en vez de producirse en un punto y propagarse a otros. (Extracto de El entrelazamiento cuántico en el Tamiz)

No sólo toda la materia del universo estuvo concentrada en un único punto, si no que ahora que está separada, ocupando todo el espacio del universo, mantiene un extraño y fantasmal vínculo subyacente. Sospechoso ¿no? Me da en la nariz que estamos mucho más unidos de lo que querrían algunos…

Multiples dimensiones: la estructura de la realidad

Así, un átomo y su electrón son objetos multiversales, y ese objeto multiversal es lo que la Mecánica Cuántica describe. Ahora, eso significa que el aspecto del Universo Paralelo de la Realidad descrito por la Teoría Cuántica debe aplicarse a los objetos de todos los tamaños, seres humanos, estrellas, galaxias, todo. Y por eso es que la llamamos la Teoría de los Universos Paralelos, en vez de sólo “Teoría de Electrones Paralelos”. (Prof. David Deutsch, Oxford)

Si, así es… , y, y, eh… es correcto. Y la misma teoría que dice que los átomos existen en más de un lugar en diferentes universos, dice que los seres humanos también existimos en más de un lugar, y en más de un estado de consciencia, y así sucesivamente, en universos diferentes. (Prof. David Deutsch, Oxford)

La estructura de la realidad parece contener (según las Teorías de la Física que buscan una interpretación plausible y completa de la misma) entre diez (u once) dimensiones. En este artículo ya se explicaba a través de unos videos muy didácticos el trasfondo de tales implicaciones.

A partir de la cuarta dimensión (la temporal, el transcurso del tiempo, de nuestra vida) comenzamos a hablar de posibles universos (algunos imaginables, otros, ni siquiera eso) que, desde este mismo instante, nuestras decisiones (las de todas los seres animados e inanimados con las que compartimos el universo) van determinando. En resumidas cuentas, tenemos un increíble poder (compartido por todos) para crear nuevos universos.

Y tal como dijo uno de mis personajes de Cómic favoritos, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Cuando aceptemos nuestra gran responsabilidad, llevaremos nuestro universo, el de todos, hacia donde deseemos.

La verdadera naturaleza de la mente

La ilusión viene de cómo nuestras mentes perciben. Mi ilusión viene de mi mente, tu ilusión viene de tu mente. Usted no necesita buscar en otro sitio para encontrar la fuente de la ilusión. Siempre que buscamos hacia afuera no encontramos la fuente de la ilusión porque tus ilusiones vienen desde dentro de tu mente.(Khempo Yurmed Tinly Rinpoche)

Así que estamos tratando de percibir el nivel último de la realidad, y buscamos cualquier tipo de método, por ejemplo, nueva tecnología, energía atómica, etc. Pero, busquemos como busquemos, no podemos percibir el nivel último de la realidad usando estos mecanismos. El nivel último de la realidad es fundamentalmente vacío, y no es observable con estos métodos científicos. (Khempo Yurmed Tinly Rinpoche)

Siempre he considerado el budismo como aquella doctrina (de entre las que he llegado a conocer) que contiene una visión cosmogónica más alineada con lo que mi intuición me dicta. Por tanto, para hablar de la naturaleza de la mente y de las ilusiones que nos creamos sobre la realidad que nos circunda, nadie mejor que un gran monje budista.

La verdadera naturaleza de la mente acaba percibiendo el caracter ilusorio de la realidad. El nivel último de la realidad es vacío y llegar a comprenderlo con la razón no es posible. Pero curiosamente, a la vez que se descubre esta vacuidad, obtenemos la llave para ampliar la mirada de la consciencia y convertir la visión borrosa e ilusoria del ego en una visión clara y despierta. Una en la cual sentimos de forma profunda que todos somos una misma cosa. De nuevo la unidad… curioso ¿no?

La ilusión del materialismo y de la fragmentación

La ciencia está atascada en una empresa materialista, no en la búsqueda del conocimiento. El conocimiento aparece, pero es un subproducto. Y, a mi entender, asunciones coherentes sobre las cosas concuerdan con la experimentación, eso demuestra que el método es correcto. Por lo que debemos distinguir entre sucesos correctos e incorrectos, o ilusorios. (Dr. David Bohm)

David Bohm fue uno de aquellos grandes científicos que tras asimilar el verdadero significado de la física cuántica, decidió dar un paso más y comprendió que ciencia y espiritualidad deben andar de la mano para alcanzar el bien común. La Ciencia, por si sola, no puede entender el significado último de las cosas, se queda atascada en su visión materialista.

Y hacen falta respuestas valientes para las preguntas que la humanidad se ha hecho desde que es consciencia reflejada del universo que la creó. Una consciencia que no puede llegar a comprender su propia existencia tan solo con la razón. Con la razón se obtiene una visión reducida y fragmentada de la realidad, muy alejada de una visión amplia y unitaria del inmenso lienzo de nuestra existencia.

La existencia dividida por la razón deja siempre un resto. (Johann Wolfgang Goethe)

El puzzle de nuestra consciencia

El fragmentado puzzle de nuestra consciencia

Transcripciones del video obtenidas de la Biblioteca Pleyades.

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Llamadme por mis verdaderos nombres

Thich Nhat Hanh con el Dalai Lama

Thich Nhat Hanh junto al Dalai Lama

No digáis que partiré mañana,
pues aún estoy llegando.

Mirad profundamente;
estoy llegando a cada instante,
para ser brote de primavera en una rama,
para ser pajarillo de alas aún frágiles,
que aprendo a cantar en mi nuevo nido,
para ser mariposa en el corazón de una flor,
para ser joya oculta en una piedra.

Aún estoy llegando
para reír y para llorar,
para temer y para esperar.

El ritmo de mi corazón
es el nacimiento y la muerte
de todo lo que vive.

Soy un insecto
que se metamorfosea
en la superficie del río.

Y soy el pájaro
que se precipita para tragarlo.

Soy una rana
que nada feliz
en las aguas claras del estanque.

Y soy la serpiente acuática
que sigilosamente
se alimenta de la rana.

Soy el niño de Uganda,
todo piel y huesos,
mis piernas tan delgadas
como cañas de bambú.

Y soy el comerciante de armas
que vende armas letales a Uganda.

Soy la niña de doce años,
refugiada en una pequeña embarcación,
que se arroja al océano
tras haber sido violada por un pirata.

Y soy el pirata,
cuyo corazón es aún incapaz
de ver y de amar.

Soy un miembro del Politburó
con todo el poder en mis manos.

Y soy el hombre que ha pagado
su “deuda de sangre” a mi pueblo
muriendo lentamente
en un campo de concentración.

Mi alegría es como la primavera,
tan cálida que hace florecer
las flores de la Tierra entera…

Mi dolor es como un río de lágrimas,
tan vasto que llena
los cuatro océanos.

Llamadme por mis verdaderos nombres,
os lo ruego
para poder despertar
y que la puerta de mi corazón
pueda quedar abierta,
la puerta de la compasión.

Poema de Thich Nhat Hanh extraído de su libro Llamadme por mis verdaderos nombres

La sublime poesía de la compasión

Cuando la poesía mezcla una austera belleza y el sentimiento más trascendental se convierte en sublime. Cada vez que releo este poema del gran Maestro (y gran poeta) budista Thich Nhat Hanh no puedo menos que emocionarme hasta el fondo del espíritu. Por la forma, pero sobre todo por el contenido.

El autor resume en este espléndido poema lo que el budismo denomina la visión clara. Una percepción del mundo en la cual han desaparecido las barreras impuesta por el yo-ego. Una percepción donde se siente uno integrado con todas las formas de vida: la de la víctima… y la del verdugo. Una apreciación llena de amor, que expande las fronteras, que abarca con su lúcida mirada un círculo mucho más extenso, sin límites. La compasión fruto de una mirada despierta.

Nuestra tarea es la de liberarnos… Mediante la extensión de nuestro círculo de compasión hasta que contenga a todas las criaturas vivientes, la naturaleza entera y su belleza. (Albert Einstein)

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Las Puertas de Shambhala

Las puertas de Shambhala

Las puertas de Shambhala

En el Tibet creen en la existencia de un reino sagrado, Shambhala, oculto en algún rincón del remoto himalaya.

[…] Muchos consideran que aún es posible llegar a Shambhala, pero el camino es largo y está lleno de peligros. Quien tiene la suerte de llegar a sus puertas debe aprovechar la oportunidad de penetrar en el reino. Si no lo hace y lo posterga para más adelante, tal vez nunca más vuelva a encontrarlo. Las puertas de Shambala se abren una sola vez en la vida, y el que no las atraviesa queda fuera para siempre.

Este mito enseña algo muy importante ”la vida no espera”, por lo tanto, si hay un sueño, se debe tratar de hacerlo realidad. Si no se toma la iniciativa con el primer entusiasmo, tal vez nunca vamos a hacerlo.

Cuantas veces se deja pasar los días y los años sin que nada importante suceda. Los que no arriesgan son los primeros en sentir lo aburrida que es su vida. Se espera que las cosas cambien, que la felicidad llegue, pero no llegará como una dádiva. Hay que arriesgar, atreverse en dar el primer paso.

Se dice que cada oportunidad y cada momento es único y se presenta en el momento adecuado para que uno las pueda conseguir, está oportunidad quizás se repita o tal vez no, pero si se repite ya uno no será el mismo y no se tendrá las mismas capacidades para alcanzarlas, como en el momento que se presento esa oportunidad, cuando debería haberse aprovechado.

Ahora o nunca”, Si la puerta de Shambhala se ha abierto en tu vida, entra sin dudar.

Es mejor no dejarse inmovilizar por la duda, el miedo a agravar la situación, la resignación o la dependencia de opiniones de terceros. Es preferible errar cien veces que someterse a la rutina.
Fuente: Las puertas de Shambhala en Sarvavita.

Señales

La vida, nuestra vida, está repleta de señales que son brindadas, algunas por la intuición o el inconsciente, otras por hechos o circunstancias que nos llegan de forma aparentemente casual. Aunque yo lo tengo muy claro: nada es casual, o dicho de otra forma, todo es causal.

Pero ¿cuáles serían las señales que nos llevarán a las mismas puertas de Shambhala? Difícil pregunta… pero intuyo que la respuesta es mucho más sencilla de lo esperado: hay que probar con aquellas que nos marca el corazón (y cierta sublimación de los sentimientos que se denomina intuición) así como perseverar una y otra vez.

Si nos caemos siete veces hay que levantarse ocho, dice un proverbio japonés. Porque lo realmente importante es probar una y otra vez, persistir, hasta alcanzar la mismísimas puertas de nuestro sueño en el mundo de la vigilia. Y tengo la completa certeza de que si creemos de verdad en nuestro sueño, algún día lo alcanzaremos. Incluso después de innumerables caídas.

Señales según Paulo Coelho. Subtítulos (CC) en castellano

Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él. (Paulo Coelho)

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Instantes

Un instante en el Cosmos

Un instante en el Cosmos

El cosmos está lleno de piedras preciosas.
Deseo ofrecerte un puñado esta mañana.
Cada instante que vives es una piedra preciosa,
que resplandece y contiene Tierra y Cielo,
las aguas y las nubes.

Has de respirar suavemente
para que se revelen los milagros.
De repente oyes a los pájaros cantar,
a los pinos tararear,
ves abrirse a las flores,
el cielo azul,
las nubes blancas,
la sonrisa y el maravilloso aspecto
de tu Bienamado.

Tú, la persona más rica de la Tierra,
que has mendigado la vida en todas partes,
dejas de ser el hijo pródigo.
Vuelve y reclama tu herencia.
Debemos disfrutar de nuestra felicidad
y ofrecerla a todo el mundo.
Aprecia este mismo instante.
Deja partir la corriente de desesperación
y acoge la vida plenamente en tus brazos.

Poema de Thich Nhat Hanh extraído de Llamadme por mis verdaderos nombres

Centrarse en un instante: la meditación

Tal como apunta el mismo Maestro (y Poeta) Thich Nhat Hanh:

Meditar significa ser consciente de lo que ocurre en nuestro cuerpo, sentimientos y mente, y lo que ocurre en el mundo. Si nos afincamos en el presente, podemos ver las bellezas y maravillas que tenemos delante de los ojos: el sol que asciende en el cielo, un niño recién nacido. Nos basta darnos cuenta de lo que está enfrente nuestro para ser muy felices.

Cuando nuestro corazón se encuentra sumergido en una agitación de emociones, recurrir a las técnicas que nos permiten centrarnos en el instante actual, en todas y cada una de las sensaciones corporales, nos ayuda a recobrar el equilibrio perdido. Meditar no es nada más que aprender a saborear el instante presente, meditar significa concentrar toda nuestra vida en ese instante que se denomina ahora.

A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante. (Oscar Wilde)

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El efecto mariposa

Si queréis comprender las causas que existieron en el pasado, observad los resultados tal como lo manifiestan el presente.

Y si queréis comprender qué resultados se manifestarán en el futuro, observad las causas que existen en el presente.
Fuente: Sutra sobre la contemplación de la mente como terreno (Nichiren)

El poder de lo sutil…

El efecto mariposa (también denominado como Teoría del caos) nos viene a decir que el simple aleteo de una mariposa en Chile, puede provocar una tormenta tropical en Barcelona, ciudad desde la cual escribo. Yo tuve ocasión de comprobar este efecto en mis propias carnes.

… y la meteorología

Este simple enunciado deja a la matemática, la física pero sobre todo a la meteorología totalmente fuera de juego. Me imagino que todos aquellos que se dedican a la predicción meteorológica deben maldecir este curioso efecto.

Sin un conocimiento claro de las condiciones iniciales de ciertos sistemas físicos bajo estudio, nada se puede saber con certeza. Y nunca conoceremos las condiciones iniciales… Y aun conociéndolas, no tenemos ningún control sobre la más mínima variación en una de aquellas condiciones… Y las condiciones siempre varían mínimamente.

Todo parece indicar que el tiempo atmosférico con el que tenemos que lidiar cada día cuando salimos a la calle es fruto de la más absoluta de las casualidades. Pero yo no creo en las casualidades, ni siquiera en lo referente al tiempo atmosférico.

… y el destino de nuestra vida

¿Y que ocurre en relación a las sutiles relaciones establecidas en el devenir de nuestra vida? Este fragmento de cierta película nos lo deja muy claro. Si sólo una cosa hubiera sucedido de forma diferente… no estaríamos en este preciso instante y lugar. Todo los sucesos que nos ocurren parecen estar profundamente intrincados con (o más bien causados por) el resto de sucesos del universo. Cuando la perspectiva se abre, las causas de los efectos aparecen con mayor claridad.

La sabia tradición budista, de la cual proviene el texto que encabeza esta entrada, ha sabido extraer la profunda sabiduría detrás de esta (aparentemente) extraña causalidad universal. Y le ha dado un nombre: karma. Pero parece que no se ha comprendido correctamente el significado de este concepto. Muchos le atribuyen un significado negativo: el de fatalidad. Nada más alejado de la realidad…

Karma es una palabra que proviene del sánscrito y significa: acción. Y simplemente expresa que nuestro momento presente es el resultado de las acciones pasadas (las de todo el universo) y que nuestro futuro (el nuestro y el del mismo universo) será el resultado de las acciones que iniciemos en este preciso instante. Además este noción abarca tres niveles: pensamientos, palabras y acciones. En cualquier caso, no hay lugar para las casualidades. Vertiginoso ¿no?

Por tanto, el concepto de karma nos entrega todo el poder y la responsabilidad: el ser humano puede crear su propio presente y futuro mediante las elecciones tomadas en cada instante. Hemos de tener muy claro que si arrancamos una flor, vamos a perturbar la vida de una estrella lejana.

No podemos arrancar una flor sin perturbar una estrella (Paul Dirac)

un sueño en una estrella

El efecto mariposa... con flores y estrellas

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Lisa Simpson: valores de futuro

Lisa Simpson

Lisa, recreada por su mejor fan: Marc

Los Simpson, (¿)una sutil expresión del yin y el yang(?)

El grito de Lisa

Lisa ante la atrocidad del mundo

Si sois seguidores de esta genial serie de televisión, ya os habreis percatado de que en ella, y dentro del nucleo de la familia Simpson, coexisten sutilmente las representaciones de dos principios: el masculino y el femenino.

El principio masculino, representado por Homer y Bart, nos muestra, con demasiada frecuencia, ciertas formas de egoísmo y hedonismo. Ellos, aun siendo encantadores (y tiernos en el fondo, aunque hay que rascar mucho) no dejan de dar muestras de su dejadez, irresponsabilidad, egocentrismo, ingratitud y voracidad. También es cierto que, sin estos atributos, no serían tan graciosos.

En cambio, el principio femenino, representado por Marge y Lisa, nos muestra los opuestos: sensatez, responsabilidad, dedicación y compromiso. Ellas son el contrapunto a sus contrarios, Homer y Bart. Ya sabemos que los opuestos se necesitan para compensarse. Aunque, con frecuencia, el desequilibrio sea desmesurado (y por tanto, divertido…)

Lisa: futuro perfecto

Lisa Simpson, enmarcada dentro del anterior principio femenino, representa un paso más: el principio de una evolución/revolución. Por su forma de ser, Lisa ejemplifica unos dignísimos valores que son fruto de una profunda visión del mundo. Ella podría definirse como:

inteligentemente consciente
conscientemente inteligente
irremediablemente comprometida
lógicamente demócrata (incluso más que el propio partido de su país)
decidadamente ecologista
coherentemente vegetariana
perdidamente idealista
ligeramente budista
obligadamente feminista
valientemente luchadora
– y muchas cosas más que se quedan en el tintero…

Lisa es, de por sí, una parte fundamental del futuro perfecto de la humanidad. Gracias, Lisa Simpson, por darnos, día tras día, una clara lección del camino a seguir. Y si algún día te decides a escribir algún artículo para algún blog, espero consideres aportar tu gran sabiduría a este, tu blog, que tanto te aprecia. Para nosotros, sería un verdadero honor.

Richard Gere y Lisa Simpson

Lisa practicando meditación transcendental

En cada niño y niña nace la humanidad. (Jacinto Benavente)

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En busca del maestro perdido

Jardín Zen

La naturaleza: una gran maestra, que deber ser respetada como tal

Algunos discípulos pasan la vida preguntándome dónde está la verdad -dijo un maestro. Así que un día decidí señalar en una dirección cualquiera, intentando demostrar que lo importante es recorrer un camino, y no quedarse pensando en él.

Pero en lugar de mirar en la dirección que le señalaba, el hombre que me había hecho la pregunta comenzó a examinarme el dedo, tratando de descubrir dónde estaba escondida la verdad.

Cuando la gente busca un maestro, debería estar buscando experiencias que puedan ayudarle a evitar ciertos obstáculos. Desgraciadamente, la realidad es otra: recurren a la ley del mínimo esfuerzo, intentando encontrar respuestas para todo. El que desea aprovecharse del esfuerzo del maestro para así no gastar sus energías nunca llegará a ninguna parte, y acabará por sentirse decepcionado.

Quien estudie un poco la historia de Buda, se dará cuenta de que, después de alcanzar la iluminación, se dedicó a hacer que sus discípulos desarrollasen las cualidades necesarias para llegar a la tan anhelada paz de espíritu.

Quien lea los evangelios, reparará en que casi todas las enseñanzas de Jesús tienen lugar en dos circunstancias: bien cuando viajaba, bien alrededor de una mesa.

Nada de templos. Nada de lugares escogidos. Nada de prácticas sofisticadas y difíciles: los apóstoles prestaban atención a lo que decía cuando andaba y cuando comía, cosas que hacemos todos los días de nuestras vidas.

Precisamente porque las hacemos todos los días, no damos ningún valor a las enseñanzas que están escondidas en nuestros quehaceres diarios. Pensamos que las cosas sagradas son accesibles sólo para los gigantes de la fe y la voluntad, y pensamos que aquello que hacen las personas es demasiado pobre para ser aceptado con alegría por Dios.

En busca de nuestros sueños e ideales, muchas veces colocamos en lugares inaccesibles todo lo que está al alcance de la mano. Cuando descubrimos el error, en lugar de alegrarnos por haber comprendido nuestros fallos, nos dejamos llevar por la culpa de haber dado pasos errados, de haber malgastado nuestras fuerzas en una búsqueda inútil, de haber disgustado a quien deseaba nuestra felicidad. Y es entonces cuando corremos el peligro de acercarnos a los ‘maestros’ o ‘gurús‘ que nos ayudarán a recuperar el tiempo perdido.

Pero no es así: aunque el tesoro esté enterrado en tu casa, sólo lo descubrirás cuando te hayas alejado.

Si Pedro no hubiese experimentado el dolor de la negación, no hubiera sido escogido jefe de la Iglesia. Si el hijo pródigo no hubiese abandonado todo, jamás habría sido recibido con júbilo por su padre. Si Buda no hubiese decidido vivir una vida de sacrificio durante muchos años, jamás hubiera entendido el placer de la alegría.

Algunas cosas en nuestras vidas tienen un sello que dice: «Sólo comprenderás mi valor cuando me pierdas y me recuperes». De nada sirve querer acortar este caminó. Existe un viejo dictado mágico que dice: cuando el discípulo está listo, aparece el maestro.

Pensando en esto, muchas personas se pasan la vida entera preparándose para este encuentro. Cuando se cruzan con el maestro, se entregan por completo, días, meses o años. Pero terminan descubriendo que el maestro no es el ser perfecto que habían imaginado, sino una persona igual a las demás, cuya única función es compartir aquello que ha aprendido.

Al verse frente a una persona normal, el discípulo se siente herido. Siente desesperación y el deseo de abandonar la búsqueda, cuando, en realidad, es así como debe ser, es esto lo que nos hace libres para labrarnos nuestro propio camino.

Edenilton Lampião dio una versión mucho mejor para este dicho mágico: cuando el discípulo está listo, desaparece el maestro.

(Paulo Coelho)

Cuando el discípulo está listo, aparece el maestro (Proverbio budista)

Cuando el discípulo está listo ¿aparece o desaparece el maestro?

Este proverbio de origen budista me tenía realmente intrigado. Por su misterio y por sus múltiples interpretaciones. He podido leer argumentos a favor de su aparición y en contra de la misma, tal como podemos leer en este bello y profundo texto de Paulo Coelho. Pero me da la sensación que todos están en lo cierto. Tan sólo hay que interpretar adecuadamente cual es la naturaleza última de tal maestro.

El maestro interior

El origen budista de este proverbio, me hace pensar en el camino a la iluminación y en su culminación. Esta culminación, también denominada como el despertar, acaba por descubrir al discípulo el verdadero maestro: una consciencia universal y unitaria que permite contemplar el mundo con una mirada diferente: clara y despierta.

Pero ese maestro no está en ningún lugar externo. Lo hemos llevado (y lo llevamos) siempre con nosotros. Simplemente no hemos centrado suficiente atención en él. Por tanto, tenemos que aprender a materializar ese fantasmagórico maestro interior (pues aparece y desaparece, hasta su concreción definitiva) con mucho esfuerzo personal y, sin duda, con todas las pequeñas y grandes enseñanzas que nos ofrece el mundo exterior: entre ellas también las de diferentes maestros y maestras.

El maestro (o la maestra) exterior

Los maestros externos pueden tomar diferentes formas y aspectos. Tenemos que aprenderlas. Tenemos que experimentar (y equivocarnos) con ellas. Pero no podemos exigir a tales maestros que hagan el trabajo por nosotros. Pueden ayudarnos en la preparación del alimento espiritual, pero no masticarlo en nuestro lugar.

Tenemos que construir un camino, y en esa construcción somos los arquitectos primordiales. Claro está que muchos y variados maestros nos darán indicaciones y señales de inmenso valor, pero la responsabilidad última radica en nuestra propia sabiduría y voluntad. No hay vuelta de hoja. Quien piense de forma contraria, se equivoca: está mirando el dedo y no aquello que señala el dedo.

La clave: la sinergia de los dos maestros

Por tanto, el maestro (singular o plural, masculino o femenino) siempre ha estado allí: dentro y fuera. Nuestra misión consiste en hacerlos colaborar para alimentar su potencialmente infinita sinergia.

De todo lo expuesto, se deduciría que ambas afirmaciones son ciertas a la vez: cuando el discípulo está listo, el maestro interior aparece y el exterior desaparece, puesto que el alumno ha descubierto como integrar uno en el otro. Ambos han compartido siempre una misma esencia, aunque diferentes formas.

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Un cuento sobre la auto-estima

Gold dust

“Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?”

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

-Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después…- y haciendo una pausa agregó: Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

-E…encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

-Bien- asintió el maestro.

Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó- toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió.

Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.

Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, monto su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.

Entró en la habitación.

-Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

-Qué importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar.

El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

-¡¿58 monedas?!-exclamó el joven.

-Sí -replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… si la venta es urgente…

El Joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.

El valor de la auto-estima

En los tiempos que corren la auto-estima es un valor muy caro. Por ello hay tanta literatura sobre como incrementarla. Se pierde con demasiada facilidad. Pero ¿por qué ocurre así? En ocasiones pensamos que nuestro valor es inferior porque ponemos demasiado énfasis en lo que los otros creen de nosotros.

Pero tal como apunta este encantador cuento de la tradición Zen, quién es nadie para estimar nuestro valor. Tendremos que convertirnos en nuestro propio tasador y apreciarnos en la justa medida: ni más ni menos. Ahí está la clave.

Sólo si me siento valioso por ser como soy, puedo aceptarme, puedo ser auténtico, puedo ser verdadero. (Jorge Bucay)

Fuente: Cuentos Zen

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