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La meta de la felicidad

Siete pasos para la felicidad

Siete pasos para la felicidad

Piensa menos, siente más.
Frunce el ceño menos, sonríe más.
Habla menos, escucha más.
Juzga menos, acepta más.
Mira menos, haz más.
Quéjate menos, aprecia más.
Teme menos, Ama más.

Como alguien dijo: si quieres comprender la palabra felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin. La felicidad es una compensación, no un objetivo.

Está claro que sentir, sonreír, escuchar, aceptar, hacer, apreciar y amar, serán monedas (las más valiosas e imprescindibles) en nuestra mochila existencial. Pero ¿cómo adquirimos esas monedas?

Podemos ir un poco más allá: ¿cuál es el fin? ¿cuál es la meta? ¿cuál es el objetivo? ¿cuál es la misión de nuestra existencia? Aquí es donde tocamos hueso.

Nuestra vida conlleva una misión. Incluso diría que ya estaba escrita desde antes de nacer. En nuestro corazón. Enterrada después de mucho tiempo de pensar demasiado y de sentir poco.

Me atrevería a decir que si nuestro corazón no se encuentra alineado con nuestra misión en esta vida, nuestra vida se llena de pensamientos ingratos, de mal humor, de conversaciones irrelevantes, de prejuicios insanos, de pasividad e inapetencia, de quejas y de miedos.

Así fue en mi caso. Un día descubrí que no era feliz. Aun teniendo todo aquello que me permitiría serlo, no era feliz.

Y la pregunta era insidiosa y recurrente ¿por qué no era feliz? Poco a poco, se me fue revelando que quizás no era feliz porque no tenía clara mi misión en esta vida. No disponía de suficiente luz en el camino.

Cuando se ha aclarado la meta, mi existencia se ha llenado de felicidad y de todas esas monedas que tanto había buscado: de sentimientos, sonrisas, ganas de escuchar, aceptar, actuar, agradecer y amar. Simplemente deseaba crecer.

Cuanto más alto coloque el hombre su meta, tanto más crecerá. (Friedrich Schiller)

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Sensibilidad zen

Zen

Zen

¿De dónde vino mi vida?

¿Dónde irá?

Junto a las ventanas de mi tosca choza
busco mi corazón en silencio profundo.

Aunque busco y busco,
no encuentro dónde empezó todo,
¿cómo voy a encontrar su final?

Ni el momento presente se puede captar;
todo cambia, todo es vacío:
este yo solo existe por un momento en esa vacuidad.

¿Cómo decir si algo es o no es?

Es mejor quedarse con esos pensamientos pequeños,
dejar que las cosas sigan su curso sencillamente
y así, ser natural y tranquilo.

Autor: Daigu Ryokan
Fuente: Poema Zen de Daigu Ryokan en Antheis, El Paladín

Daigu Ryokan fue un gran maestro y poeta japonés dentro de la tradición del Budismo Zen. Su maestro Dainin Kokusen lo bautizó como Ryokan (inmensa bondad) y el mismo, a la muerte de su maestro, se antepuso Daigu (gran idiota)

El hizo de su vida una antología de bondad y poesía, de generosidad y sensibilidad. Si un hombre así decidió llamarse a si mismo gran idiota, me pregunto que seremos los demás. Yasunari Kawabata definió su poesía en los siguientes términos:

La síntesis de poesía y el conocimiento, un conocimiento del que la palabra puede valer como el silencio. (Fuente: Daigu Ryokan en Ashram Arunachala)

Palabras y silencios. Ya me dijo una vez mi abuelo paterno (que en paz descanse): si no tienes algo importante que decir, mejor que estés callado.

Aunque esta aseveración, tomada al pie de la letra, te convierte en un mudo en potencia, pienso que mi abuelo no andaba desencaminado. Yo, tomándome su afirmación al pie de la letra, durante mucho tiempo fui demasiado parco en palabras, demasiado extremo en silencios. No supe interpretar correctamente aquellas sabias palabras.

Mejor callar las palabras superfluas. Mejor dejar reposar los pensamientos agitados. Mejor permitir que nuestra momentánea calima, en brazos de un suave viento, descanse sobre el inmenso mar de nuestra alma.

Libre de ataduras, como una bruma arrastrada por el aire, me dejo llevar hasta donde me quiera dejar el viento. (Daigu Ryokan)

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El centro esencial: Rudolf Steiner

El centro esencial

The farther man moves away from the earth

Cuando a través de la meditación nos elevamos a lo que nos une con el Espíritu, aceleramos algo en nosotros que es eterno y no limitado por el nacimiento y la muerte.

Una vez que hemos experimentado esta parte eterna en nosotros, ya no podemos dudar de su existencia.

La meditación es, por lo tanto, la manera de conocer y contemplar lo eterno, indestructible, el centro esencial de nuestro Ser.
Autor: Rudolf Steiner
Fuente: Sabiduría de los Maestros

Ciertas coincidencias e intuiciones de mi existencia apuntan de forma ostentosa a este hombre/nombre: Rudolf Steiner. Tengo la intuitiva certeza de que en alguna vida anterior debí estar, de alguna forma, relacionado con él. La relación se me escapa. Algún tipo de seguidor, me imagino.

Rudolf Steiner y la antroposofía

Rudolf Steiner

Rudolf Steiner

Rudolf Steiner vivió entre finales del siglo XIX y principios del XX. Fue un gran maestro espiritual (científico, filósofo, pedagogo, artista y místico) y el fundador de la antroposofía, una disciplina definida por el mismo de la siguiente forma:

La antroposofía es un sendero de conocimiento que quisiera conducir lo espiritual en el hombre a lo espiritual en el universo. Pueden ser antropósofos quienes sienten determinadas cuestiones sobre la esencia del hombre y del mundo como una necesidad tan vital como la que se siente cuando tenemos hambre y sed. (Fuente: Wikipedia)

Rudolf Steiner fue uno de esos pocos hombres de la historia de la humanidad capaces de integrar en una única visión una multitud de disciplinas de la sabiduría/espiritualidad del ser humano. Como anteriormente hicieron Aristóteles, Leonardo da Vinci y Goethe. De hecho, se cree que el propio Rudolf Steiner fue una reencarnación de Aristóteles.

Rudolf Steiner y el color

Steiner estimó que la imagen, el color, un arte visual, son una forma esencial de expresión del pensar y de hondas vetas de la intuición. Su ponderación trascendente del color provenía de una reflexión sobre la Teoría del color de Goethe. Y las imágenes coloridas son el modo como Steiner plasmó parte de sus dotes como pedagogo y hechizante conferencista. En multitud de conferencias, recurrió a tizas de variados colores y a la pizarra negra para expresar de una manera sensitiva y visual el ritmo metafísico de su pensar. (Fuente: Las pizarras mágicas de Rudolf Steiner)

Chakras en Reiki

Canales energéticos

Curiosamente(?) los tres personajes nombrados anteriormente (Aristóteles, Leonardo da Vinci y Goethe) nos legaron su inquietud por la imagen, el arte visual… y el color. Asimismo existe lo que se denomina una Teoría del color fundada por Goethe. Esta curiosa conexión entre estos tres personajes y Rudolf Steiner es, al menos, significativa.

Intuyo que los colores son una parte importante en nuestra existencia. Cuando la luz atraviesa un prisma, nos muestra su naturaleza intrínseca de una forma diferente. Un espectro en el cual destacan seis colores: rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta. Diferentes frecuencias de onda, diferentes niveles energéticos.

Rudolf Steiner y el centro esencial

Rudolf Steiner buscó con perseverancia caminos que nos condujeran al centro esencial de nuestro Ser. Intentó aglomerar y hermanar una gran parte de las tradiciones espirituales de la humanidad. Pero supo con certeza que el camino no lo acabaría él. Todos los caminos de esta índole acaban en épocas futuras. Siempre en transito hacia la próxima época.

En la Ciencia Espiritual trabajamos en el sentido de preparar la próxima época; pues sin la nuestra, tampoco podría haber la próxima época. (Rudolf Steiner)

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Ser o interser, he aquí la cuestión

Un pájaro poeta mirando una nube de papel

Un poeta sediento mirando una nube de papel

Si eres poeta, verás claramente que flota una nube en esta hoja de papel. Sin nube, no habrá lluvia; sin lluvia, los árboles no crecen; y sin árboles, no podremos hacer papel. Para la existencia del papel es esencial la nube. Si no está la nube, tampoco puede estar el papel. Así, podemos decir que la nube y el papel inter-son. La palabra “interser” aun no esta en el diccionario, pero si combinamos el prefijo inter con el verbo ser, tenemos un nuevo verbo, interser. Sin una nube, no podemos tener papel, de modo que es posible decir que la nube y la hoja de papel inter-son.

Si miramos más profundamente esta hoja de papel, veremos en ella la luz del sol. Sin la luz del sol, el bosque no puede crecer. De hecho, nada puede crecer. Aún nosotros no podemos crecer sin la luz del sol. Así pues, sabemos que el sol también está en esta hoja de papel. El papel y el sol inter-son. Y si seguimos mirando, podemos ver al leñador que cortó el árbol y lo trajo al molino para transformarlo en papel. Y podemos ver el trigo. Sabemos que el leñador no puede vivir sin el pan cotidiano, así que el trigo que se convirtió en su pan también está en esta hoja de papel. Y el padre y la madre del leñador también están. Cuando lo vemos así, vemos que sin todas estas cosas, esta hoja de papel no puede existir.

Mirando aún con mayor profundidad, vemos que nosotros también estamos en ella. Esto no es difícil de ver, porque cuando miramos una hoja de papel, forma parte de nuestra percepción. Tu mente está aquí y la mía también. Así que podemos decir que todo está aquí en esta hoja de papel – el tiempo, el espacio, la tierra, la lluvia, los minerales de la tierra, el sol, la nube, el río, el calor. Todo coexiste con esta hoja de papel. Es por ello que creo que la palabra interser debería estar en el diccionario. “Ser” es interser. No puedes ser por ti mismo; tienes que interser con todas las demás cosas. Esta hoja de papel es, porque todo lo demás es.

Supongamos que tratamos de regresar uno de los elementos a su origen. Supongamos que regresamos la luz al sol. ¿Crees que esta hoja de papel sería posible? No, sin la luz de sol nada puede ser. Y si regresamos al leñador a su madre, tampoco tenemos papel. El hecho es que esta hoja esta hecha sólo de elementos que no son papel. Y si regresamos estos elementos a sus orígenes, no puede haber papel del todo. Sin los elementos que no son papel, como la mente, el leñador, la luz del sol, no habrá papel. Así de delgada como es, esta hoja de papel contiene todo el universo.
Extracto del libro Ser paz y el corazón de la comprensión de Thich Nhat Hanh
Fuente: Interser en Que se abra tu corazón como las flores

Una ley de causalidad universal

Otra vez el gran poeta/maestro budista Thich Nhat Hanh nos ilumina con su inagotable sabiduría en este bellísimo texto. Describiendo de forma sencilla una ley de causalidad que nos vincula con el resto del universo: el pasado, el presente… y el futuro.

Existimos relacionados con todo lo demás. Esta interrelación forma parte de una ley de causalidad universal que la tradición budista denomina karma.

Somos una misma cosa con todo lo que ha existido, existe… o existirá.
No somos por nosotros mismos.
Ni mucho menos, somos lo que tenemos.

Si soy lo que tengo y lo que tengo lo pierdo, entonces ¿Quién soy? (Erich Fromm)

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La catedral de Justo Gallego

La catedral de Justo Gallego

La catedral de Justo Gallego

Me llamo Justo Gallego. Nací en Mejorada del Campo el 20 de septiembre de 1925. Desde muy joven sentí una profunda fe cristiana y quise consagrar mi vida al Creador. Por ello ingresé, a la edad de 27 años, en el monasterio de Santa María de la Huera, en Soria, de donde fui expulsado al enfermar de tuberculosis, por miedo al contagio del resto de la comunidad. De vuelta en Mejorada y frustrado este primer camino espiritual, decidí construir, en un terreno de labranza propiedad de mi familia, una obra que ofrecer a Dios. Poco a poco, valiéndome del patrimonio familiar de que disponía, fui levantando este edificio. No existen planos del mismo, ni proyecto oficial. Todo está en mi cabeza. No soy arquitecto, ni albañil, ni tengo ninguna formación relacionada con la construcción. Mi educación más básica quedó interrumpida al estallar la Guerra Civil. Inspirándome en distintos libros sobre catedrales, castillos y otros edificios significativos, fui alumbrando el mío propio. Pero mi fuente principal de luz e inspiración ha sido, sobre todo y ante todo, el Evangelio de Cristo. Él es quien me alumbra y conforta y a él ofrezco mi trabajo en gratitud por la vida que me ha otorgado y en penitencia por quienes no siguen su camino.

Llevo cuarenta y dos años trabajando en esta catedral, he llegado a levantarme a las tres y media de la madrugada para empezar la jornada; a excepción de algunas ayudas esporádicas, todo lo he hecho sólo, la mayoría de las veces con materiales reciclados… Y no existe fecha prevista para su finalización. Me limito a ofrecer al Señor cada día de trabajo que Él quiera concederme, y a sentirme feliz con lo ya alcanzado. Y así seguiré, hasta el fin de mis días, completando esta obra con la valiosísima ayuda que ustedes me brindan. Sirva todo ello para que Dios quede complacido de nosotros y gocemos juntos de Eterna Gloria a Su lado.

Religiones y espiritualidad

Quienes me conocen saben que no soy religioso. Para mi, la religión (utilizando un simil deportivo) sería como enfundar una camiseta de fútbol a la espiritualidad.

Cuando tal cosa ocurre, nos convertimos en seguidores de un equipo de futbol o de otro, dependiendo de la camiseta que vistamos.

Pues yo he decidido (ya hace tiempo que lo decidí) ir al desnudo, sin camiseta. Todas las camisetas que he observado ofrecen aspectos interesantes, pero advierto que son sólo eso: camisetas.

Prefiero jugar al fútbol sin camiseta. Prefiero que mi espiritualidad beba de la fuentes más puras de todas las religiones, sin fanatismos ni dependencias.

Cúpula de la Catedral de Justo Gallego

Cúpula de la Catedral de Justo Gallego

Una catedral

Planta de la Catedral de Justo Gallego

Planta

Cuando visité por última vez Madrid, mi hermano insistió que debíamos acercarnos a una catedral que había construido cierto hombre de nombre Justo Gallego. Que era algo digno de ser visto.

Me quedé pensativo… ¿una catedral? Pensé poco después en aquello que apuntó el mismo Paulo Coelho referente al sentido de la vida: el sentido de la vida es ofrecer una catedral al mundo.

Sin dudarlo mucho, accedí y ambos nos dirijimos a una pequeña población cercana a Madrid: Mejorada del Campo. Y sí, cuando llegamos, me quedé atónito… ¡¡vaya catedral!!

Después, ya en su interior, pude leer la introducción que aparece más arriba… y pude sentirme inmerso en aquella construcción, fruto de la fe y la tenacidad de un hombre que soñó con crear una gran obra y ofrecer su trabajo de cada día a Dios.

No voy a negar que la visité con mucho mimo, explorando sus rincones, revisándo sus detalles, sintiéndome algo pequeño en su interior… y me conmovió profundamente.

Yo no sé si, después de un ladrillazo en la cabeza, podría demostrar el amor y la perseverancia que demostró y ha demostrado Justo Gallego, pero puedo asegurar que admiro a ese hombre. Respeto profundamente su espiritualidad. Él ha ofrecido una catedral a su existencia y al mundo.

A veces la vida te pegará en la cabeza con un ladrillo. Pero no pierdas la fe. (Steve Jobs)

Simon Jeffes, a las puertas de su catedral: el movimiento perpetuo

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El misterio de las coincidencias

Perdidos en el misterio

Perdidos en el misterio

Cuando uno llega a una edad avanzada y evoca su vida, ésta parece haber tenido un orden y un plan, como si la hubiera compuesto un novelista. Acontecimientos que en su momento parecían accidentales e irrelevantes se manifiestan como factores indispensables en la composición de una trama coherente. Así como nuestros sueños incluyen un aspecto de nosotros mismos que nuestra conciencia desconoce, nuestra vida entera está compuesta por la voluntad que hay dentro de nosotros. Y así como personas a quienes nosotros conocimos por casualidad se convirtieron en agentes decisivos en la estructuración de nuestra vida, también nosotros hemos servido inadvertidamente como agentes, dando sentido a vidas ajenas. La totalidad de estos elementos se unen como una gran sinfonía, y todo se estructura inconscientemente con todo lo demás… El grandioso sueño de un solo soñador, donde todos los personajes del sueño también sueñan… Todo guarda una relación mutua con todo lo demás, así que no podemos culpar a nadie por nada. Es como si hubiera una intención única detrás de todo ello que siempre cobra un cierto sentido, aunque ninguno de nosotros sabe cuál es, o si ha vivido la vida que se proponía. (Schopenhauer – Joseph Campbell)

Si estamos verdaderamente comprometidos a realizar nuestro sueño, descubriremos que existe una fuerza poderosa que está más allá de nosotros y nuestra voluntad consciente, una fuerza que nos ayuda en el camino, alimentando nuestra búsqueda y transformación. (Joseph Jaworski)

A menudo he tenido experiencias, aparentemente accidentales, tanto en el trabajo como en mi vida privada, y siempre me he sentido intrigado por ellas y me he preguntado cómo ocurren… Mi indagación de la sincronicidad surgió de una serie de sucesos existenciales que me llevaron a un proceso de transformación interna… las cosas empezaron a encajar sin esfuerzo y comencé a descubrir personas notables que me prestarían una ayuda inestimable. (Joseph Jaworski)

Comenzamos a darnos cuenta de que ciertas cosas son atraídas repentinamente hacia nosotros de maneras muy sorprendentes. Comienza a operar una estructura de causas subyacentes, un conjunto de fuerzas, como si estuviéramos rodeados por un campo magnético en el que los imanes se alinearan automáticamente. Pero dicho alineamiento no es espontáneo en absoluto, se trata simplemente de que los imanes están respondiendo a un nivel de causalidad más sutil. (Peter Senge)

Hay dos cosas en las que he llegado a creer, implícitamente, acerca del mundo en que vivimos, una es que nada de lo que en él ocurre es independiente de cualquier otra cosa. La otra es que nada de lo que ocurre es completamente fortuito y producido del azar. Estas dos creencias son partes de la misma intuición: si todo lo que ocurre está de alguna manera enlazado con todo lo demás, ello quiere decir que todo actúa de alguna manera sobre todo lo demás. Nada ocurre de una manera puramente azarosa. No existe tal cosa que sea pura coincidencia. Cuando algo ocurre, lo hace en cierta relación, a pesar de su probabilidad extremadamente sutil, con otras que pasan o han pasado dentro de esa región de espacio y del tiempo. (Ervin Laszlo)

Todos hemos tenido esos momentos perfectos en los que todas las cosas parecen encajar de una manera casi increíble en los que los sucesos que no podíamos prever, y mucho menos controlar, parecen guiar notablemente nuestro camino. A estas alturas, tu vida se convierte en una serie de milagros predecibles. (Joseph Jaworski)

En cualquier momento pueden ocurrir coincidencias significativas… Podemos estar enfrascados en nuestros asuntos diarios cuando, sin previo aviso, se produce un hecho fortuito que atrae nuestra atención. Puede que nos dé por pensar en un viejo amigo que hacía años que no acudía a nuestra mente y luego, después de haberlo olvidado por completo, resulta que al día siguiente nos encontramos con él… Las coincidencias pueden tener que ver con la oportuna llegada de cierta información especial que no sabíamos cómo conseguir, o con la súbita comprensión de que la experiencia que vivimos en el pasado, con cierto interés, era en realidad una preparación para proporcionarnos una nueva oportunidad o un trabajo. Al margen de los detalles con que pueda presentarse una coincidencia particular, el hecho es que resulta demasiado improbable que haya sido consecuencia del azar o la mera casualidad… En cierto modo sentimos que tales acontecimientos estaban de algún modo predestinados, que se esperaba que sucedieran exactamente en el momento en el que lo han hecho con el fin de reorientar nuestras vidas hacia una nueva y más inspiradora dirección. (James Redfield)

Cada vez somos más las personas que tomamos conciencia de las coincidencias significativas que suceden cada día. Algunos de estos hechos son grandes y llamativos. Otros son pequeños, casi imperceptibles. Pero todos son una prueba de que no estamos solos, de que hay algún proceso espiritual misterioso que influye en nuestras vidas. Una vez que tenemos la experiencia del sentimiento de inspiración y vida que tales percepciones evocan, es casi imposible no prestarles atención. Comenzamos a ponernos alerta ante este tipo de hechos, a esperarlos, y a buscar una comprensión filosófica más elevada de su aparición. (James Redfield)

De acuerdo con la tradición Védica, hay sólo dos síntomas que permiten definir a una persona que se encuentra en su camino a la iluminación. Primero, la sensación es que las preocupaciones están desapareciendo. No se siente abatido por la vida. Las cosas pueden ir mal, pero eso ya no le molesta más. Segundo, en cada área de su vida, comienza a notar un gran número de eventos sincronísticos. Las coincidencias con significado parecen ocurrir con mayor frecuencia cada vez. (Deepak Chopra)

Citas extraídas del libro El misterio de las coincidencias, escrito por Eduardo R. Zancolli.


Tal como iba leyendo las citas previas, mi asombro iba en aumento. Suscribo y firmo todas y cada una de las palabras contenidas en ellas. El libro que las contiene, tarde o temprano, caerá en mi biblioteca.

Mucho de lo escrito en Rojo Transitorio ha ido delineando un recorrido que parece desembocar inevitablemente en esta entrada de hoy.

Una entrada que revisa la causalidad de nuestra existencia como individuos (imbricada en una existencia de orden superior). Una entrada que revisa la conexión total entre todos los acontecimentos que están ocurriendo en este mismo instante en todo el universo. Una entrada que revisa nuestra capacidad de moldear el futuro según nuestros sueños o deseos, utilizando el nexo entre la imaginación y la emoción: el sentimiento.

Como ya es bien conocido, yo no creo en las casualidades, ni siquiera en las coincidencias. Pero ahora, por lo visto, algunas de éstas tienen una razón(?) de ser que se denomina sincronicidad.

Sincronicidad

Desde principios de este año he tenido algunas experiencias de índole sorprendente que no había sabido como categorizar. Hasta que encontré cierto artículo que definía un concepto (relativamente) nuevo para mi: la sincronicidad.

Este concepto fue definido por Carl Gustav Jung (sí, el mismo que se quedó totalmente perplejo ante el I Ching) y hace referencia a la simultaneidad temporal de dos sucesos entre los cuales no parece existir ninguna razón causal, excepto aquella atribuida por nuestro sentido (el menos común de todos los sentidos: la intuición)

Lo que conocemos vulgarmente como una casualidad o una coincidencia demasiado difícil.

Por ejemplo: si estamos pensando en una persona, y de repente, nos llega un mensaje suyo. Se trataría de un caso de eventos sincronísticos, un ejemplo de sincronicidad. Demasiada casualidad, pensaríamos.

Pero hay otros ejemplos mucho más sutiles. Como cuando una acción (o idea) nuestra es correspondida por alguna (ignota) circunstancia que llega a nuestra vida de forma sorprendente. Parece existir algún tipo de conexión pero ¿como probar tal conexión? No es posible porque no existe una explicación racional…

Quizás sí se pudiera explicar, si añadiéramos un factor emocional, pero no uno racional. La intuición clama al cielo, pero la intuición es como un niño pequeño al que contentamos, de tanto en tanto, con un caramelo para que no moleste demasiado.

Seguro que durante vuestra existencia, habréis tenido alguna experiencia de sincronicidad, revisadla con cariño… y vereis como aparecen multitud de ellas.

Pues la cuestión es que tal casualidad no es tal, sino algo que está conectado de alguna forma por cierto vínculo subyacente. Un vínculo que, en algunos casos, podría corresponder a una voluntad (in)consciente que está dispuesta a velar por nuestros deseos y atraer a nuestra vida (en apariencia nuestra, en realidad de todos) aquello necesario para su consecución.

Cuando alguien que de verdad necesita algo lo encuentra, no es la casualidad quien se lo procura, sino él mismo. Su propio deseo y su propia necesidad le conducen a ello. (Hermann Hesse)

La casualidad es la manera que tiene Dios de mantenerse en el anonimato. (Albert Einstein)

Una perfecta definición de la sincronicidad, por Sting

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I Ching: el libro de las mutaciones

Tao Te Ching, I Ching, juntos

Tao Te Ching, I Ching, juntos

Estuve sentado durante horas bajo un peral centenario, manteniendo el I CHING junto a mí, mientras practicaba su técnica, relacionando los oráculos resultantes con otros, en un intercambio de preguntas y respuestas.

Salieron a la luz toda clase de resultados de innegable importancia, en significativa concordancia con mi propio proceso mental, hasta un extremo que ni yo mismo podía explicarme.
Extracto de Recuerdos, sueños y pensamientos, Carl Gustav Jung

I Ching el libro de las mutaciones

I Ching

Después de leer esta breve referencia de Carl Gustav Jung, me quedé más convencido… el I Ching parecía apuntar en la buena dirección.

Cierto blog vecino en mi red de inspiraciones, susurró un par de veces este nombre a través de sus comentarios en Rojo Transitorio: I Ching. Sólo ver estas palabras escritas, ya me llamaron la atención. Hay palabras que, sin entender muy bien porqué, provocan gritos de nuestro inconsciente a la intuición. Atraen nuestra atención de forma magnética.

Tras buscar una referencia fiable a través de mi blog vecino, no lo dudé y me hice con una copia de I Ching, el libro de las mutaciones de Richard Wilhelm. Según los entendidos, esta obra es la mejor referencia para una profunda comprensión/interpretación de los hexagramas del I Ching.

El procedimiento

Voy a transcribir el método, tal como yo lo he aplicado, a partir de los apuntes que encontré en esta página. Tal como se apunta allí, pedir consejo a un oráculo no es un juego, o sea que se debe consultar de forma solemne.

El método consiste en hacerse con tres monedas, plantear una pregunta, realizar los lanzamientos e interpretar el resultado con la referencia de Richard Wilhelm.

Las tres monedas

Yo elegí tres monedas cualesquiera de mi cartera y decidí asignarles la capacidad de jugar un papel ciertamente importante en mi vida: el de consejeras (que no administradoras) de mi destino. Posteriormente (si no se dispone de las monedas chinas originales) se tiene que asignar un valor a cada cara de la moneda. Yo asigné el siguiente:

yin, escritura, anverso, cara, lado nacional: 2
yang, no escritura, reverso, cruz, lado que indica el valor de la moneda: 3

Les asigné este valor, pero podría haber sido el contrario. Lo importante es que tú se lo asignes. Evidentemente, después no se puede cambiar.

Este valor se utilizará posteriormente para sumar el valor de una tirada. Por ejemplo, si lanzamos las tres monedas (a la vez) y salen dos anversos y un reverso, el valor de la tirada es: 2+2+3=7. Adviértase que el valor mínimo obtenido puede ser 6 y el máximo 9.

La pregunta

Creo que aquí esta la clave en lo referente a la capacidad de vaticinio del método. Las preguntas tienen que ser formuladas en forma de consejo personal: ¿Está bien si hago ésto (o lo otro)? ¿Es correcto si sigo este camino?

Sería imprescindible transcribirla en algún medio (papel…) y adjuntar (si es posible) alguna imagen que nos permita aumentar la capacidad de visualizar la pregunta en cuestión. Después veremos el porqué.

A continuación realizaremos los seis lanzamientos, anotando por orden el resultado de cada uno (es decir, la suma de los valores asignados a cada cara)

El lanzamiento

Mientras realizamos cada uno de los seis lanzamientos debemos sentir la pregunta de una forma viva y presente.

Sentir implica concentrarse en ella, con el pensamiento y con la emoción. Por tal razón, antes he apuntado que (si es posible) se utilice una imagen que permita una profunda evocación de la pregunta. Ya se sabe que una imagen vale más que mil palabras.

La interpretación

Una vez se disponga de los seis valores obtenidos, se puede utilizar el formulario en la página referenciada anteriormente para obtener como resultado uno o dos hexagramas. En el caso de que sólo sea uno, la respuesta es tajante. Si se tratara de dos, el segundo indicará la evolución futura.

Con el identificador del hexagrama resultante, ya podemos dirigirnos al libro de Richard Wilhelm (o a alguna otra página que lo transcriba de forma fiel) e interpretar con sumo interés y cuidado su significado. Los significados son poéticos y metafóricos de forma que es necesaria una lectura atenta e incluso reiterada.

Mi experiencia

Puedo asegurar que mi primera (y hasta ahora única) experiencia con este método me ha dejado, como a Jung, perplejo y atónito. Y cada vez que analizo las circunstancias circundantes y releo el significado de los dos hexagramas resultantes de aquella consulta, no puedo menos que sorprenderme aun más.

Demasiadas casualidades, demasiadas coincidencias, y ya sabéis que yo no creo ni en las casualidades ni en las coincidencias.

El consejo era referente a una cuestión que me persigue desde principios de año. Una de aquellas en la cual el corazón te dicta una cosa y la razón te recrimina por seguir el dictado de los sentimientos.

Los hexagramas resultantes me aconsejaron que es propicia la perseverancia (viento sobre agua) y que no hace falta buscar, que siendo veraz con lo que me dicta el corazón, el camino aparecerá (agua sobre agua). Los hexagramas se alinearon con mi corazón, con el dictado de mis sentimientos.

El agua de lluvia no busca un camino, simplemente lo encuentra. Fluye por él sin realizar ningún esfuerzo, ininterrumpidamente. Y tras un largo recorrido por montañas, lagos y ríos, alcanza su más profundo e íntimo templo. El agua de lluvia soñó, mientras caía, un dulce abrazo con la sal de la vida. El agua de lluvia se imaginó riendo, deviniendo lágrimas del futuro. El agua de lluvia es la semilla de las bellas lágrimas por venir.

El sueño es la pequeña puerta escondida en el más profundo y más íntimo santuario del alma. (Carl Gustav Jung)

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El sentido de la vida

El sentido de la vida según Paulo Coelho. Subtítulos (CC) en castellano

¿Cuál es nuestra misión en esta vida? No busquemos la respuesta en el exterior. Observemos en nuestro interior. Centrémonos en nuestro corazón. ¿Qué nos dice?

La semilla: un sueño

Todo sentido de la vida tiene en su inicio un sueño: esa es la semilla de toda obra que deseemos ofrecer al mundo. Y tales semillas suelen crecer en los mundos de la imaginación.

Desgraciadamente, a veces, ese sueño anda enterrado bajo capas de apatías, miedos y frustraciones. Pero un sueño es un sueño y siempre estará ahí. Si cavamos lo suficientemente profundo en nuestro corazón, reaparecerá.

En tal caso, si el sueño se encuentra cerca de su superficie vital, nuestra existencia, podremos escuchar con nitidez como retumba, como se repite con una intensidad cada vez más evidente. Nuestro corazón nos habla. En ocasiones, chilla con voz alta y clara. Los latidos de nuestro sueño son audibles incluso desde la mismísima vigilia.

Y nuestro sueño cristalizará gracias a la fe y a la valentía que vertamos en él. La fe y la valentía nos permiten creer en algo de naturaleza eterea, mientras la pertinaz razón nos murmura que no es posible.

El alimento: el amor

Una vez tengamos claro cuál es nuestro (verdadero) sueño tenemos que alimentarlo con amor. Porque el amor por aquello que hacemos rellena nuestra labor de una sana alegría que nos desborda y se transmite a los que nos acompañan en la consecución de nuestro objetivo vital.

Tal como apunta Coelho, no se trata de un amor romántico, ni siquiera de uno fraternal o maternal/paternal. Hablamos de una pasión y un entusiasmo capaces de alumbrar nuestro sueño en los momentos de mayor oscuridad. Una energía que hace brillar y reír el astro celeste que ilumina nuestro camino. Un amor y un respeto por todas las cosas: las pequeñas y las grandes, las que nos indignan y las que nos ilusionan.

La labor: la perseverancia

La elaboración de nuestro sueño nos requiere al 100% y nos obliga a la perseverancia. Sin perseverancia (y sin amor) no podemos invocar a la (buena) suerte. Pero no se trata de un azar, se trata de una suerte que permite crear las condiciones para transmutar nuestro sueño en realidad. Con ambos ingredientes, y de forma sorprendente, esas circunstancias de incierto origen serán atraídas a nuestra vida.

El verdadero alquimista, aquel que consigue que el universo conspire a su favor, sabe que la perseverancia y el amor son fundamentales para esa alquimia que extiende los límites de nuestro corazón y abraza el corazón del universo.

El fruto: una catedral ofrecida al mundo

Como resultado de la semilla, del alimento y de la labor, obtendremos el fruto más precioso: nuestra catedral, aquella que ofrecemos a nuestra vida, y al mundo. Esa catedral puede tomar una multitud de apariencias pero, en cualquier caso, conforma el verdadero sentido de nuestra vida.

El sentido de mi vida ha estado largo tiempo enterrado, pero ya puedo sentir sus latidos cerca de mi superficie. Mi catedral, aquella que ofreceré a mi vida, son los cuentos del futuro. Unos cuentos que desean, a su vez, plantar semillas en cada una de las personas que los lean. Semillas que permitan a la humanidad soñar, imaginar y construir un futuro diferente, uno responsable y respetuoso. El fruto de la convicción presente es el futuro soñado.

Si se siembra la semilla con fe y se cuida con perseverancia, sólo será cuestión de tiempo recoger sus frutos. (Thomas Carlyle)

Una catedral: Santa Maria del Mar

Una catedral: Santa María del Mar (Barcelona)

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Leyendo en los labios vecinos

Señales del corazón en los labios

Señales del corazón en los labios

Un guerrero sabe que sus mejores maestros son aquellas personas con las que comparte el campo de batalla.

Es peligroso pedir un consejo. Pero es mucho más arriesgado darlo. Cuando él necesita ayuda, procura ver cómo sus amigos resuelven – o no resuelven – sus problemas.

Si busca inspiración, lee en los labios de su vecino las palabras que su ángel de la guarda quiere transmitirle.

Cuando está cansado o solitario, no sueña con mujeres y hombres distantes; busca a quien está a su lado y comparte su dolor o su necesidad de cariño, con placer y sin sentimiento de culpa.

Un guerrero sabe que la estrella más remota del Universo se manifiesta en las cosas que están a su alrededor.
Extracto del Manual del guerrero de la luz (Paulo Coelho)

Dios no escucha vuestras palabras, salvo cuando él mismo las profiere a través de vuestros labios. (Khalil Gibran)

Unos labios ardientes nunca mienten

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El pequeño príncipe

El principito

El pequeño principe, solitario en su asteroide

Esta maravillosa creación, El Principito (Le petit prince en el original), del aviador y escritor francés Antoine de Saint-Exupéry es una obra tremendamente alegórica, plagada de bellas metáforas y con un profundo mensaje en su trasfondo. Un mensaje que todo aquel que la ha leído ha intentado descifrar.

En esta entrada voy a probar de transcribir parte de (imposible todo) lo que me evoca esta obra imprescindible de la literatura universal. Además centro mi atención en dos pasajes que, tras reiteradas lecturas (y según mi opinión, claro está) pueden contener alguna de las claves de esta alegórica obra.

La sumisión de la imaginación y la ensoñación

El pequeño príncipe, engalanado como tal

El pequeño príncipe, engalanado como tal

Esta obra, entre muchas otras cosas, nos recuerda que, con el paso de la niñez a la madurez, parece como si se quisiera imponer al niño que todos llevamos dentro una dictadura del lado izquierdo de nuestro cerebro. Éste es un tema que ya traté ampliamente en otra entrada dedicada a los mapas mentales.

Una dictadura en la cual las funciones del lado izquierdo (lógica, análisis, palabras, números, secuencia, linealidad, listas…) someten a aquellas del lado derecho (imaginación, ensoñación, color, dimensión, ritmo, percepción espacial, gestalt…)

Para que os hagais un idea, las funciones de la parte izquierda son las que predominarían en una tratado de ingeniería o filosófico mientras que las funciones de la parte derecha son las que predominarían en las artes gráficas o en una obra musical.

Tal como apunta el personaje que conduce la narración en su inicio, a los niños se les va haciendo enterrar, poco a poco, sus sueños, su capacidad de imaginar nuevos mundos, de crearlos a través de la pintura y la imaginación.

Se les fuerza a pasar de un mundo (el de la niñez) donde predominan las funciones del lado derecho a otro (el de la madurez) donde predominan las del lado izquierdo. La imaginación y las ensoñación pierden su revelancia.

Y, ya se sabe, las dictaduras nunca son buenas. Son mucho mejor las democracias: un sistema donde ambas partes trabajan sinérgicamente en busca de un bien común. Tal como apuntó uno de los mayores genios de la humanidad:

Estudia el Arte de la Ciencia y la Ciencia del Arte (Principio Arte/Scienza, Leonardo da Vinci)

Razón vs Corazón

La rosa del pequeño príncipe

La rosa del pequeño príncipe

Éste es un tema que no aparece de forma explicita en el relato, pero se trata de una constante a lo largo de la vida y obra del autor.

Tal como vamos madurando (acumulando miedos y experiencias negativas) se produce una paulatina degradación de la pasión (o entusiasmo) en nuestro interior, a favor de una componente más racional. El corazón pierde preponderancia respecto a la razón. El reino de los sentimientos se posterga ante el reino de los pensamientos.

En más de una ocasión he transcrito en este blog que para que un pensamiento devenga sentimiento tiene que impregnarse de una componente emocional, de una emoción de las que nacen en las entrañas. Es en esa intersección entre pensamiento y emoción donde nace el sentimiento que aviva la pasión y el entusiasmo que nos impulsará en la consecución de nuestros sueños, proyectos u objetivos vitales, sean de la índole que sean.

Mientras que los ojos son vigías de la razón, los sentimientos habitan en el corazón y captan mejor la esencia de nuestros verdaderos deseos.

Sólo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos. (Antoine de Saint-Exupéry)

Hay en el mundo un lenguaje que todos comprenden: es el lenguaje del entusiasmo, de las cosas hechas con amor y con voluntad, en busca de aquello que se desea o en lo que se cree. (Paulo Coelho)

Un corazón feliz

Pero, al final, lo que el pequeño principe desea transmitir a su amigo adulto son las claves para la felicidad. Porque todos buscamos en nuestro corazón la misma recompensa: la felicidad.

Y si todavía existe un niño que imagina y sueña en nuestro interior, si todavía no lo hemos enterrado del todo, debemos escuchar con mucha atención lo que nos dice. Pero no con la razón, sino con la más pura esencia de nuestro corazón.

La música del agua

El pozo que habíamos encontrado no se parecía en nada a los pozos saharianos. Estos pozos son simples agujeros que se abren en la arena. El que teníamos ante nosotros parecía el pozo de un pueblo; pero por allí no había ningún pueblo y me parecía estar soñando.
—¡Es extraño! —le dije al principito—. Todo está a punto: la roldana, el balde y la cuerda…

Se rió y tocó la cuerda; hizo mover la roldana. Y la roldana gimió como una vieja veleta cuando el viento ha dormido mucho.
—¿Oyes? —dijo el principito—. Hemos despertado al pozo y canta.

No quería que el principito hiciera el menor esfuerzo y le dije:
—Déjame a mí, es demasiado pesado para ti.

Lentamente subí el cubo hasta el brocal donde lo dejé bien seguro. En mis oídos sonaba aún el canto de la roldana y veía temblar al sol en el agua agitada.
Tengo sed de esta agua —dijo el principito—, dame de beber…

¡Comprendí entonces lo que él había buscado!

Levanté el balde hasta sus labios y el principito bebió con los ojos cerrados. Todo era bello como una fiesta. Aquella agua era algo más que un alimento. Había nacido del caminar bajo las estrellas, del canto de la roldana, del esfuerzo de mis brazos. Era como un regalo para el corazón.

(Extracto del Capítulo XXV, El principito)

La música del agua

La música del agua

En este pasaje, el autor hace uso de una sutil metáfora sinestésica para indicar el encuentro con un verdadero regalo para cualquier corazón sediento: la música del agua. Aquí el agua representa una paz profunda y la musical sinestesia encierra un evidente homenaje a los sentidos.

Como es sabido, el autor quedó seducido por el desierto y sus leyes misteriosas (¿que tendrá el desierto que sirve como catalizador para todo tipo de alquimistas?) Allí comenzó a crecer su afición por el silencio y la meditación, la cual es una evolución de lo que se denomina la atención plena.

Y la atención plena (condición necesaria para la meditación) es tan solo una amplificación de un sentir lleno, de un centrarse en cada sensación del momento presente. Tal como apuntó uno de los mayores genios de la humanidad, debemos potenciar el vínculo con nuestros sentidos, porque ese vínculo sirve como canalización para la comprensión y expresión del sentir.

El común de las personas ve sin mirar, oye sin escuchar, toca sin sentir y come sin saborear, se mueve sin percibir sus movimientos, huele sin distinguir ni olores ni perfumes y habla sin pensar. (Leonardo da Vinci)

Debemos potenciar los sentidos. (Principio Sensazione, Leonardo da Vinci)

Además, como resultado de la paz derivada de la meditación, se capta/asimila una profunda conexión entre todas las cosas (“Había nacido del caminar bajo las estrellas, del canto de la roldana, del esfuerzo de mis brazos“). Una conexión inherente a una comprensión universal y unitaria:

Tenemos que darnos cuenta de que, de alguna manera, todo está relacionado. (Principio Connessione, Leonardo da Vinci)

La risa de las estrellas

—Es como el agua. La que me diste a beber, gracias a la roldana y la cuerda, era como una música ¿te acuerdas? ¡Qué buena era!

—Sí, cierto…

—Por la noche mirarás las estrellas; mi casa es demasiado pequeña para que yo pueda señalarte dónde se encuentra. Así es mejor; mi estrella será para ti una cualquiera de ellas. Te gustará entonces mirar todas las estrellas. Todas ellas serán tus amigas. Y además, te haré un regalo…

Y rió una vez más.
—¡Ah, muchachito, muchachito, cómo me gusta oír tu risa!

—Mi regalo será ése precisamente, será como el agua

—¿Qué quieres decir?

La gente tiene estrellas que no son las mismas. Para los que viajan, las estrellas son guías; para otros sólo son pequeñas lucecitas. Para los sabios las estrellas son problemas. Para mi hombre de negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas se callan. Tú tendrás estrellas como nadie ha tenido

—¿Qué quieres decir?

—Cuando por las noches mires al cielo, al pensar que en una de aquellas estrellas estoy yo riendo, será para ti como si todas las estrellas riesen. ¡Tú sólo tendrás estrellas que saben reír!

(Extracto del Capítulo XXVI, El principito)

El principito y la estrella

El principito y la estrella

Las estrellas representan deseos, sueños, proyectos… en resumidas cuentas: objetivos vitales.

Pero todos esos objetivos tienen que quedar impregnados de una sana alegría (“estrellas que saben reír“) para que su consecución sea una tarea menos tediosa, más divertida y amena.

Esa alegría tiene su origen tanto en el entusiasmo y la pasión con la cual encaramos su conquista, como en la atención plena.

Una atención plena que nos permitirá saborear los pequeños detalles del día a día. Porque es en esos detalles insignificantes donde vamos a encontrar la mayor despensa para nuestra felicidad.

En cualquier caso, es el corazón quien nos debe guiar en nuestro camino hacia la estrella de nuestros sueños. Como motor y como piloto. Como avión sin fisuras.

Si quieres comprender la palabra felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin. (Antoine de Saint-Exupéry)

Dedicatorias

Desearía dedicar esta entrada a tres pequeños príncipes.

El primer pequeño príncipe es mi sobrino Héctor. Hoy es el día de su primer aniversario ¡¡Muchas felicidades, Héctor!!  Otra gotita de sangre que confio que fortalecerá Rojo Transitorio en un futuro no demasiado lejano. Hoy mismo, en breve, partiré hacia Madrid para hacerle entrega de un regalo… ¿alguien se imagina cuál podría ser?

El segundo pequeño príncipe es mi hijo Marc. Una estrella en mi firmamento, la más brillante, que se ilumina para guiar a todos aquellos que le rodean. La más simple resolución para la ecuación de mi felicidad.

El petit príncep

Felicidad = música del agua + risa de una estrella

Y el último es el pequeño principe que llevo en mi interior, aquel que me acompaña. Un encantador ser que ya andaba demasiado tiempo olvidado, entre sueños profundamente enterrados bajo capas y capas de tediosas y miedosas realidades. Ahora ya vuelve a estar a mi lado, recordándome las cosas importantes de esta vida.

Haz de tu vida un sueño, y de tu sueño una realidad (Antoine de Saint-Exupéry)

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