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Quantic love: resolviendo la ecuación del amor

Quantic Love

Quantic Love

Mientras la azafata daba unas indicaciones de seguridad a las que nadie atendía, en mi interior volví a escuchar la voz suave y serena de mi padre:

—Mantén los ojos bien abiertos, Laila. Vas a vivir una experiencia única en el centro de investigación más importante de Europa. Pon tus manos a trabajar en esa cafetería, pero con tu mirada lejos en el horizonte.

—Papá, que solo me voy tres meses… —había protestado.

Luego le había dado un cálido abrazo. Sabía exactamente qué venía a continuación. Me repetía aquella fábula oriental desde que yo había cumplido los catorce. Y de eso hacía ya cuatro años…

—¿Recuerdas la historia del cazador que encontró Shambhala mientras perseguía un ciervo? Al ver que se habían abierto las puertas del paraíso tibetano, el guardián le invitó a pasar, pero el cazador quiso volver a buscar a su familia. Cuando regresó, la montaña se había cerrado, pues las puertas de Shambhala se abren una sola vez en la vida para cada uno. Cada oportunidad es única, Laila, y si no la aprovechas, te sucederá como al cazador, que tuvo que seguir persiguiendo ciervos el resto de su existencia.
Extracto del primer capítulo de Quantic Love (Sonia Fernández-Vidal)

El libro

Ya conocía a la autora de esta novela, Sonia Fernández-Vidal, a través de su primera obra: La puerta de los tres cerrojos. Aquel primer contacto me dejó huella, me gustó, aunque solo se tratara de una novela de divulgación científica para jovencitos. Y lo hizo porque explicaba asuntos de los cuales mi intuición estaba (y continua estando) sedienta.

Así que cuando apareció su segunda novela, Quantic Love, no lo dudé mucho. Me descargué el primer capítulo que ponía a nuestra disposición la editorial y lo devoré en un santiamén. Me enganchó… Me quedó especialmente grabado en la memoria el texto reproducido más arriba. La referencia a las puertas de Shambhala aparece en el primer capítulo y en el último. Cierra un circulo… y ya se sabe que todos los círculos suelen ser perfectos.

Mientras que su primer libro era mucho más divulgativo (estaba más clara la edad de la audiencia) este segundo roza los aspectos de la física cuántica de una forma mucho más colateral. En ese sentido, me sentí algo decepcionado. Quizás esperaba mucho más alimento para mi intuición cuántica.

En cambio, la autora ha ganado en capacidad narrativa. En mantener la atención a través de un relato que se lee con facilidad. No espereis letras brillantes ni poesía de aquella que quita el hipo, pues no la encontrareis aquí. Pero si os gustan los relatos sencillos y enternecedores, éste es vuestro libro.

La ecuación del amor

Quantic Love

La ecuación del amor

Por otro lado, esta novela, en su portada, promete resolver la eterna ecuación del amor. Supongo que ponerlo en la portada del libro (espectacular estrategia de marketing…) fue idea de algún clarividente empleado de la editorial.

Aun así, después de acabar de leer la novela, reconozco que me dio alguna pista sobre la resolución de la ecuación. Pero quizás no la ecuación del amor, si no más bien la ecuación del enamoramiento, una ligeramente diferente. Porque todos sabemos(?) que existe una ligera diferencia entre el enamoramiento y el amor ¿o no?

Puede existir enamoramiento y después amor… enamoramiento y después falta de amor, incluso amor sin enamoramiento. La opción que no se contemplaría sería la de falta de amor sin enamoramiento… aunque de todo hay en los campos de nuestro Señor.

El enamoramiento es un estado en el cual nuestro cuerpo sufre un colapso químico. Nuestro sistema endocrino y sus glándulas comienzan a funcionar desbocadas para fijar nuestra atención y precipitarnos sobre el ser que nos ha enamorado. Los angloparlantes han sabido definirlo mejor: falling in love (caer en el amor). Se nota que son gente más pragmática que nosotros, que lo hemos puesto todo en el mismo saco.

Y este libro sí que ayuda a comprender ligeramente los extraños vericuetos del enamoramiento. El enamoramiento es como una caída, una vertical, sin fin. Una caída en la cual, si somos afortunados, una de las fuerzas más débiles y poderosas del universo, la gravitatoria, nos colocará en órbita alrededor de cierto cuerpo celestial, sin entender ni siquiera muy bien porqué.

Por tanto, si tenemos algo de suerte y se alinean todas las circunstancias, aquel otro cuerpo celestial se mantendrá ligado a nosotros de la misma forma. Se formará un sistema binario, astronomicamente hablando. Ninguno de los dos objetos celestiales será engullido ni repelido por el otro. En ese caso, y solo en ése, se abrirán las puertas de Shambhala.

Y para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener plena conciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor. (Mario Benedetti)

Uno de los posibles efectos del enamoramiento

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Física cuántica y consciencia

Aparte del rimbombante título (El Apocalipsis cuántico del universo holográfico… no me gusta nada) este pequeño documental es una mina. Una mina cuyas galerías he ido investigando en los últimos meses de forma sistemática a la búsqueda de respuestas para algunos de los más sorprendentes descubrimientos de la Ciencia en los últimos tiempos.

Descubrimientos que mi intuición me grita, con voz alta y clara, que debo investigar aun más porque contienen claves fundamentales para una comprensión más profunda de mi propia existencia.

Recopilo en este artículo, bajo la transcripción de las palabras de algunos de los investigadores que aparecen en este video, mis propias conclusiones con un lenguaje lo más asequible posible.

El observador y la dualidad onda/partícula

Si desea ver miedo en los ojos de un físico cuántico, sólo mencione las palabras “El Problema de la Medición”. El Problema de la Medición es este: Un átomo sólo aparece en un lugar determinado si es medido. En otras palabras, un átomo está extendido por todas partes hasta que un observador consciente decide mirarlo. Así que el acto de “medición” u observación crea el universo entero. (Prof. Jim Al-Khalili)

Sólo los seres conscientes pueden ser observadores, entonces, estamos íntimamente interconectados con la existencia misma de la realidad. Sin nosotros habría sólo esta superposición creciente de posibilidades sin que nada definitivo suceda nunca realmente. (Dr. York Dobyns)

Aquello que creemos que sustenta nuestra (decididamente materialista) realidad tiene una misteriosa naturaleza dual. Es a la vez onda (una especie de energía) y partícula (una especie de materia). Pero lo más curioso, es que, a nivel subatómico, se comporta como materia solo cuando es observada, cuando se intenta medir. Está claro que el observador, por el hecho de intentar medir la realidad, la está determinando de alguna forma. Técnicamente hablando, está colapsando una nube de probabilidades/posibilidades en una opción.

La pregunta clave aquí sería si además de determinar la realidad a través de la observación… ¿la puede condicionar de alguna forma? ¿tiene alguna capacidad de decisión? Si fuera así, nuestra consciencia podría estar modificando el mundo, el universo que nos rodea, sin darse cuenta. ¿A alguien le suena este enigma?

Entrelazamiento o enmarañamiento cuántico: en aras de la unidad

Bueno, ¿Cómo puede ser esto?. Lo que significa esto es que una vez que la materia es físicamente unida incluso cuando luego se separa, la energía aún está ahí, conectándola. Por eso es importante para mí, porque si retrocedemos lo bastante en el tiempo, todas las partículas y la materia de este universo entero que se expanden estaban todas unidas en una sola partícula del tamaño de un guisante verde. Es lo que la ciencia nos dice hoy, lo que los modelos informáticos sugieren, que si entrara al universo y tomara todas las partículas de materia y todo el espacio entre ellas, uniéndolas y comprimiéndolas al tamaño de un guisante verde, significa que usted y yo y todos nuestros oyentes fuimos una vez parte de la misma partícula que crea este universo entero hoy. E incluso ahora, que estas partículas están separadas y expandiéndose, y los estudios demuestran que lo están, todos seguimos energéticamente vinculados. (Gregg Braden)

Aquí Gregg Braden habla de una unidad (a un nivel energético, para entendernos) que existió en un pasado y que se supone que se debería mantener aunque nuestro universo se encuentre en proceso de expansión. Tiene cierta lógica ¿no?

Si fuera así, todas las cosas (energía y materia) en este universo estarían vinculadas de alguna forma. Este vínculo es mucho menos fantasmal (es decir, mucho más real o verdadero) de lo que se creía hasta ahora. La física (con experimentos reales, comprobados) y las matemáticas ya han demostrado que es así.

Pero curiosamente no se hace mucha publicidad de este increíble descubrimiento (quizás sea también porque es algo difícil de comprender y hoy en día sólo interesan hechos que quepan en un mensaje de twitter). Además, supongo que a muchos gobernantes de este mundo no les interesaría que se hiciera mucha publicidad del asunto. Si todos estuviéramos tan vinculados, si todos fuéramos una misma cosa, se quedarían sin trabajo. Y eso no interesa…

Este excelente artículo (aviso que requiere mucha mucha atención) lo describe en profundidad. Resumiéndolo, el entrelazamiento cuántico viene a decir que la realidad no es local, que un cambio en un lugar del universo está afectando al resto del universo. ¿Conocéis el efecto mariposa? Pues esto sería como un efecto mariposa pero que afecta a todo el universo de forma instantánea. Vértigo… ¿no?

Si la [teoría] cuántica es una teoría completa, la realidad no es local. Hasta este momento, se había considerado que un cambio en cualquier componente del Universo sólo producía un cambio en su inmediata vecindad, que luego podía ir propagándose (como mucho, a la velocidad de la luz) hasta alcanzar puntos alejados de él según pasaba el tiempo. Por ejemplo, si tú tienes un objeto y yo otro, y tu objeto cambia, ese cambio no afectará a mi objeto hasta que haya pasado un tiempo determinado (tanto más grande cuanto más alejados estén los objetos) Por lo tanto, de acuerdo con la teoría clásica, si yo quiero estudiar mi objeto durante un tiempo corto, puedo ignorar los cambios que tú puedas realizar sobre el tuyo, porque no llegarán a afectar al mío. Pero, si la teoría cuántica es completa […] un cambio en uno de ellos puede producir cambios en otros de manera instantánea, por muy alejados que estén de él, sin que haya una mediación de cambios intermedios a través del espacio que los separa. Esa realidad no es local: no puedo describir una parte del Universo sin describirlo todo, porque los cambios se producen “en todo a la vez”, en vez de producirse en un punto y propagarse a otros. (Extracto de El entrelazamiento cuántico en el Tamiz)

No sólo toda la materia del universo estuvo concentrada en un único punto, si no que ahora que está separada, ocupando todo el espacio del universo, mantiene un extraño y fantasmal vínculo subyacente. Sospechoso ¿no? Me da en la nariz que estamos mucho más unidos de lo que querrían algunos…

Multiples dimensiones: la estructura de la realidad

Así, un átomo y su electrón son objetos multiversales, y ese objeto multiversal es lo que la Mecánica Cuántica describe. Ahora, eso significa que el aspecto del Universo Paralelo de la Realidad descrito por la Teoría Cuántica debe aplicarse a los objetos de todos los tamaños, seres humanos, estrellas, galaxias, todo. Y por eso es que la llamamos la Teoría de los Universos Paralelos, en vez de sólo “Teoría de Electrones Paralelos”. (Prof. David Deutsch, Oxford)

Si, así es… , y, y, eh… es correcto. Y la misma teoría que dice que los átomos existen en más de un lugar en diferentes universos, dice que los seres humanos también existimos en más de un lugar, y en más de un estado de consciencia, y así sucesivamente, en universos diferentes. (Prof. David Deutsch, Oxford)

La estructura de la realidad parece contener (según las Teorías de la Física que buscan una interpretación plausible y completa de la misma) entre diez (u once) dimensiones. En este artículo ya se explicaba a través de unos videos muy didácticos el trasfondo de tales implicaciones.

A partir de la cuarta dimensión (la temporal, el transcurso del tiempo, de nuestra vida) comenzamos a hablar de posibles universos (algunos imaginables, otros, ni siquiera eso) que, desde este mismo instante, nuestras decisiones (las de todas los seres animados e inanimados con las que compartimos el universo) van determinando. En resumidas cuentas, tenemos un increíble poder (compartido por todos) para crear nuevos universos.

Y tal como dijo uno de mis personajes de Cómic favoritos, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Cuando aceptemos nuestra gran responsabilidad, llevaremos nuestro universo, el de todos, hacia donde deseemos.

La verdadera naturaleza de la mente

La ilusión viene de cómo nuestras mentes perciben. Mi ilusión viene de mi mente, tu ilusión viene de tu mente. Usted no necesita buscar en otro sitio para encontrar la fuente de la ilusión. Siempre que buscamos hacia afuera no encontramos la fuente de la ilusión porque tus ilusiones vienen desde dentro de tu mente.(Khempo Yurmed Tinly Rinpoche)

Así que estamos tratando de percibir el nivel último de la realidad, y buscamos cualquier tipo de método, por ejemplo, nueva tecnología, energía atómica, etc. Pero, busquemos como busquemos, no podemos percibir el nivel último de la realidad usando estos mecanismos. El nivel último de la realidad es fundamentalmente vacío, y no es observable con estos métodos científicos. (Khempo Yurmed Tinly Rinpoche)

Siempre he considerado el budismo como aquella doctrina (de entre las que he llegado a conocer) que contiene una visión cosmogónica más alineada con lo que mi intuición me dicta. Por tanto, para hablar de la naturaleza de la mente y de las ilusiones que nos creamos sobre la realidad que nos circunda, nadie mejor que un gran monje budista.

La verdadera naturaleza de la mente acaba percibiendo el caracter ilusorio de la realidad. El nivel último de la realidad es vacío y llegar a comprenderlo con la razón no es posible. Pero curiosamente, a la vez que se descubre esta vacuidad, obtenemos la llave para ampliar la mirada de la consciencia y convertir la visión borrosa e ilusoria del ego en una visión clara y despierta. Una en la cual sentimos de forma profunda que todos somos una misma cosa. De nuevo la unidad… curioso ¿no?

La ilusión del materialismo y de la fragmentación

La ciencia está atascada en una empresa materialista, no en la búsqueda del conocimiento. El conocimiento aparece, pero es un subproducto. Y, a mi entender, asunciones coherentes sobre las cosas concuerdan con la experimentación, eso demuestra que el método es correcto. Por lo que debemos distinguir entre sucesos correctos e incorrectos, o ilusorios. (Dr. David Bohm)

David Bohm fue uno de aquellos grandes científicos que tras asimilar el verdadero significado de la física cuántica, decidió dar un paso más y comprendió que ciencia y espiritualidad deben andar de la mano para alcanzar el bien común. La Ciencia, por si sola, no puede entender el significado último de las cosas, se queda atascada en su visión materialista.

Y hacen falta respuestas valientes para las preguntas que la humanidad se ha hecho desde que es consciencia reflejada del universo que la creó. Una consciencia que no puede llegar a comprender su propia existencia tan solo con la razón. Con la razón se obtiene una visión reducida y fragmentada de la realidad, muy alejada de una visión amplia y unitaria del inmenso lienzo de nuestra existencia.

La existencia dividida por la razón deja siempre un resto. (Johann Wolfgang Goethe)

El puzzle de nuestra consciencia

El fragmentado puzzle de nuestra consciencia

Transcripciones del video obtenidas de la Biblioteca Pleyades.

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La puerta de los tres cerrojos

La puerta de los tres cerrojos

La puerta de los tres cerrojos

Los humanos están preparados para conocer nuestro mundo cuántico. Ahora viven con la idea de que el universo es sólo una inmensa máquina. Piensan que solo son una pieza insignificante y que, hagan lo que hagan, no cambiarán nada del mundo que les rodea. Si siguen pensando así, sus vidas serán cada vez más grises. Los niños sacrifican sus sueños llenos de magia y de color por hacer aquello que los adultos denominan “madurar”. De esta forma se separan, cada día más, los unos de los otros. No son conscientes de que todos están entrelazados, que destruir el mundo donde viven les hace más daño de lo que imaginan… Piensan que viven en un universo sin alma […]

Ahora [un humano] comprende que el universo está lleno de posibilidades que existen al mismo tiempo: los gatos pueden estar vivos o muertos, o se pueden seguir tres caminos simultaneamente […] Nuestras elecciones definen lo que somos, y no las circunstancias que vivimos, o nuestras habilidades.

(Quiona, hada cuántica, extracto de “La puerta de los tres cerrojos”)

El destino ¿al descubierto?

Este breve e impresionante discurso de uno de los personajes del libro La puerta de los tres cerrojos, resume de fábula el misterio cuántico y sus trascendentes implicaciones. Nuestro destino nos pertenece mucho más de lo que pensamos. Basta ya de excusas en relación a las circunstancias que nos rodean. Basta ya de pensar que el universo conspira en nuestra contra.

Somos nosotros los que, a través de nuestras elecciones, cambiamos las circunstancias que nos rodean. Nosotros cambiamos el destino del universo, no somos un engranaje pasivo dentro de él. Y la física cuántica, una parte de la ciencia que se caracteriza por estar a favor del sentido menos común, parece corroborarlo.

Un relato de fantasía ¿y científico?

Esta narración, que aúna fantasía y divulgación científica, está dirigido al niño que todos llevamos (o deberíamos llevar) dentro y es una pequeña muestra de que la ciencia, cuando se explica de forma clara y amena, puede ser realmente transgresora.

Y en ello tiene gran parte de culpa su autora, Sònia Fernández-Vidal, una Doctora en física cuántica de origen catalán, que ha decidido explotar sus extraordinarias cualidades como pedagoga para crear un relato imaginativo, a la vez que remarcable por su capacidad de hacernos entender algunos de los misteriosos enigmas de la física en general (y de la física cuántica en particular) con ejemplos al alcance de todos.

Otra vez la intuición (¡¿)y el enigma cuántico(!?)

La mayoría de los más intrigantes enigmas (entrelazamiento, principio de incertidumbre de Heisenberg, principio de superposición, dualidad onda/partícula, teleportación, la paradoja del gato de Schrodinger) expuestos en este libro no son nuevos para mí. Hace algún tiempo que les sigo la pista porque cierta intuición los atrae a mi vida. La misma intuición que me ha hecho dirigirme a la tienda en busca de este libro, después de seguirle arduamente la pista.

De hecho, la decisión definitiva (siempre hay una decisión definitiva consecuencia de otras imaginadas previamente…) la tomé después de encontrar a la autora en un programa de la televisión catalana (Singulars) mientras casualmente hacia zapping. Después de escuchar atentamente sus explicaciones, me di cuenta de que allí habían demasiadas casualidades con los últimos descubrimientos y sucesos de mi intuitiva búsqueda. Pero la última pregunta de la entrevista, con su respuesta, fue la que me dejó más intrigado.

Allí se preguntaba si el observador del experimento de la doble rendija, por el hecho de observar el experimento (además de, tal como ocurre en la realidad, colapsar una superposición de estados probables en uno definitivo: ninguna de las dos rendijas, rendija de la izquierda, rendija de la derecha o las dos a la vez) puede determinar la elección de uno de los estados. La respuesta por parte de la autora fue que no… que la consciencia del observador no puede decidir por cual rendija pasa la partícula (o, por simplificar con el experimento mental de Schrodinger, si el gato está vivo o muerto) pero mi intuición, pertinaz, me dice que podría ser que sí.

Quizás en esta ultima respuesta se encuentre la clave más misteriosa, aun por descubrir, de la física cuántica. No olvidemos que algunos de los últimos descubrimientos sobre el cerebro apuntan a que la conectividad de las neuronas, su entramado, puede basarse en mecanismos cuánticos. Y ya sabemos, a ciencia cierta, cuales son los efectos del enmarañamiento cuántico. Como decía San Juan de la Cruz: para ir a donde no se sabe, hace falta ir por donde no se sabe.

Sònia Fernández-Vidal: pura luz

Sònia Fernández-Vidal: pura luz

Si quieres que pasen cosas diferentes, deja de hacer siempre lo mismo. (Sònia Fernández-Vidal)

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What the bleep do we know: claves para el enigma cuántico

Últimamente, diríamos que de forma curiosa, se van alineando en mi vida una serie de circunstancias (evidentemente moldeadas por un interés subyacente) que apuntan en una misma dirección: la física cuántica y sus trascendentes implicaciones a todos los niveles.

Según Alejandro Jodorowsky, diríamos que la realidad ha comenzado su extraña danza a mi alrededor. Pero nada es casual: el coreógrafo de esa danza no es un destino ajeno, sino una consciencia propia que se manifiesta como precursora/creadora de mi destino.

Y el resultado palpable de ese alineamiento confluye en este film-documental: What the bleep do we know!? donde el bleep (léase pitido) es una incógnita de fácil resolución (independientemente de la lengua) ¿Que **** sabemos con certeza respecto a nuestro destino? La respuesta es contundente: nada. Pero ese nada abre un abanico con todas las posibilidades/probabilidades.

El poder de la probabilidad: la física cuántica

El mundo cuántico

El mundo cuántico

La física cuántica es sobre todo una disciplina sobre probabilidades. Una disciplina que nos dice que a nivel subatómico todas las (posiblemente infinitas) opciones son factibles, incluso aquellas que irían en contra del sentido más común. Como que una partícula se encuentre en dos posiciones distintas al mismo tiempo. Dentro de ese amplio abanico, al parecer, nuestro pensamiento (como observador de la realidad) puede tener un factor determinante. Algo que no escapa a cierta intuición. Pero quizás, lo que sí se escapa es el verdadero potencial detrás de esa noción.

En la física clásica, la probabilidad se considera como una medida de la ignorancia del sujeto, por falta de información, sobre algunas propiedades del sistema sometido a estudio. Podríamos hablar, entonces, de un valor subjetivo de la probabilidad. Pero en la física cuántica la probabilidad posee un valor objetivo esencial, y no se halla supeditada al estado de conocimiento del sujeto, sino que, en cierto modo, lo determina.

En este film, se ponen sobre la mesa sugerentes implicaciones derivadas de estas irrebatibles verdades de la teoría cuántica. El hecho de que una onda/partícula se encuentre al mismo tiempo en un conjunto de estados posibles se denomina superposición cuántica. Ese conjunto de estados posibles colapsa en un estado concreto (en nuestra linea temporal) cuando es examinado por un observador. Y nuestro pensamiento (o consciencia) podría estar jugando el papel de ese observador. El famoso gato de Schrödinger es un experimento mental ideado para exponer este principio.

Las implicaciones de todo ello alcanzan una trascendencia extraordinaria: nuestro pensamiento (o consciencia), hasta ahora contemplado como un elemento pasivo, podría estar teniendo un papel activo en la configuración de la realidad de la linea temporal en la que nos encontramos.

A cada momento se abren infinitas lineas temporales (tantas como las infinitas probabilidades de la superposición cuántica), pero nosotros mismos estamos determinando (colapsando) una a cada instante. Maravilloso: somos los libres y constantes creadores de nuestro destino. Pero además lo somos de una forma activa y dinámica.

El poder de nuestro cerebro

El misterio cuántico en nuestro cerebro

El misterio cuántico en nuestro cerebro

Este film se divide en tres bloques temáticos. El primero, como ya hemos visto, considera principalmente las poderosas implicaciones de la física cuántica. El segundo trata de la conexión mente-cuerpo, centrándose en nuestro órgano más prodigioso: el cerebro. Este bloque está basado en diferentes áreas de la neurociencia y de la biología, tanto celular como molecular.

Todos tenemos una cierta intuición de que pensamientos negativos podrían estar afectando nuestro propio cuerpo de una forma negativa (enfermedades, adicciones…). En cambio, pensamientos positivos lo harían de forma positiva. Pero ¿por qué limitar el ámbito de acción de nuestra mente a las fronteras marcadas por nuestro cuerpo? Esto es lo que se muestra con el pasaje que abre este bloque: los mensajes del agua.

A continuación se muestra, a través de distintos y esclarecedores ejemplos, como el cerebro dicta los mensajes y las ordenes que nuestro cuerpo seguirá de forma sumisa. Si el dictado es bueno, perfecto. Pero si es malo, tendremos que ponerle remedio con la máxima urgencia.

Un conjunto de pensamientos repetidos a diario (tanto buenos como malos) marcarán drásticamente una tendencia cada día más profunda y más difícil de cambiar. En este otro artículo ya traté en profundidad tanto la naturaleza como el increíble poder de nuestro cerebro.

La conclusión final y más importante de este bloque es que la influencia del cerebro no se limita a la realidad interior (es decir, la del propio cuerpo) sino que abarcaría, al igual que en el caso de la física cuántica, la realidad exterior.

¿Otra versión de la ley de la atracción?

Pensamientos positivos atraen circunstancias positivas a nuestra vida. En cambio, pensamientos negativos atraen circunstancias negativas. ¿Os suena la sentencia previa? Probablemente sí.

Es la premisa sobre la que se basa un conjunto de reflexiones plasmadas en los medios bajo un novedoso (y exitoso a nivel de ventas) paradigma: El secreto, la ley de la atracción… Todos hemos experimentado alguna vez vivencias que parecen confirmar la hipótesis anterior.

Cuando atraemos algo ¿lo hacemos pasiva o activamente? Este film nos muestra que nuestra mente, además de activa, es totalmente responsable de nuestro destino. Quizás tanta responsabilidad nos aterre, pero no podemos evitarla. Y menos, cuando se trata de nuestra propia ventura.

El poder de la unidad

En aras de la unidad

En aras de la unidad

El tercer bloque trata sobre la unidad y la forma más común de denominarla: Dios. Yo siempre he preferido identificar a Dios, un termino que en ocasiones crea discordancia, como una consciencia universal y unitaria. Así lo despojo de cualquier camiseta impuesta por la mayoría de las religiones imperantes. Las camisetas, como en el caso de los equipos de fútbol, suelen tener asociado cierto fanatismo del cual sería preciso escapar. Las ideas sobre Dios expuestas en el film siguen esta misma dirección.

Otra vez la física cuántica empuja en el mismo sentido de unidad universal. El concepto de entrelazamiento (o enmarañamiento) cuántico nos plantea un panorama en el cual parece dibujarse una sutil relación entre partículas elementales situadas incluso en los puntos más remotos del universo. La famosa limitación de Einstein relativa a la velocidad de la luz, sólo afecta a la transmisión de señales, no a este extraño y fascinante vínculo subyacente.

La mente, cuando se ha entrenado correctamente, también tiende a alcanzar una profunda comprensión del concepto de unidad. Grandes referentes de la sabiduría humana (entre ellos, Buda, Jesucristo…) nos han señalado que éste sería el camino para el despertar de un cierto estado de consciencia superior. Siempre necesitaremos luz en el camino para no perdernos.

Conclusión

Esta película, tal como he apuntado en un inicio, aglutina (grata y sorprendentemente) varias nociones que comparto de una forma intuitiva y profunda. Remarco que tan solo la intuición puede abrazar los planteamientos más drásticos de este film. No habría lugar para la razón, por ahora. El futuro, con probabilidad, disipará dudas.

Aun así, revisando el Curriculum Vitae de los científicos y pensadores que libremente opinan en este film-documental, verifico que no soy el único que siente esa intuición como algo mucho más factible y ponderable que la realidad objetiva que nos rodea.

What the bleep do we know!?

What the bleep do we know!?

La vida es una escuela de probabilidad. (Walter Bagehot)

El misterio de la dualidad onda/partícula

El experimento de la doble rendija

Este fue un experimento que inicialmente fue realizado por Thomas Young con el objetivo de aclarar si la naturaleza de la luz era ondulatoria (es decir, se comporta como una onda) o corpuscular (se comporta como una partícula).

Posteriormente este experimento fue aprovechado por los científicos que estudiaban la física cuántica para comprender la dualidad onda/partícula. Pero en lugar de comprender los resultados, se quedaron aun más perplejos…

Sus implicaciones en la física cuántica

En esta entrada previa ya hice una introducción sobre estos misteriosos aspectos de la física cuántica, pero en el video anterior podemos ver una excelente explicación (al alcance de todos) que muestra la tremenda trascendencia del resultado de este experimento en este campo.

Cuando entramos en el nivel subatómico, la realidad pierde el sentido otorgado por nuestra razón y sólo lo recupera cuando la observamos. Este sencillo enunciado es terriblemente perturbador para nuestra percepción cotidiana. Quizás tengamos que comenzar a modificar esa percepción para poder entender las verdaderas implicaciones de la física cuántica.

Creo que los hombres continuarán sintiendo durante mucho tiempo la necesidad de rastrear hasta su fuente el río mágico que fluye de sus ojos, bañando con la misma luz y sombra ilusorias tanto las cosas que existen como las que no. (André Breton)

Dualidad onda/partícula: un misterio

Dualidad onda/partícula: un misterio

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La Física y el gran proyecto

Historia del tiempo

Historia del tiempo

Después de un libro como el Cosmos de Carl Sagan, mi conciencia (en su vertiente científica) había quedado sedienta de respuestas para los trascendentes enigmas del universo que allí se habían destapado.

En esta búsqueda, me topé con un gran libro y un gran personaje: la Historia del Tiempo de Stephen W. Hawking: un best-seller en su ámbito (divulgación científica) que se caracterizó por llegar a un público amplio a pesar de lo complicado de los conceptos expuestos en el mismo. Este libro fue escrito en 1988, una década más tarde que aquel de Carl Sagan, y la brecha entre ellos es amplia por tratarse de una disciplina en constante investigación.

Algo que sí me llamó especialmente la atención es que el libro de Carl Sagan no hacía ninguna referencia a las trascendentes implicaciones de la Mecánica cuántica, un aspecto de la Física que ha tambaleado (y tambalea) profundamente nuestro percepción del mundo.

La Incertidumbre de nuestra esencia

Uno de los capítulos de este libro, aquel dedicado el principio de Incertidumbre de la Mecánica cuántica, me impulsó al pasado y me hizo rememorar el extraño impacto que me produjo la primera lectura (a los 16 años) del enunciado de estos tres principios que rigen el mundo a nivel subatómico. Un mundo en el cual las unidades más pequeñas detectadas hasta la fecha pueden manifestarse como ondas o como partículas:

El físico danés Niels Böhr afirmó que estos comportamientos corpuscular y ondulatorio no eran propiedades, sino dos representaciones complementarias que dependen de la interacción con el investigador y su instrumento de medida (Principio de complementareidad, 1927)

El físico alemán Werner Heisenberg comprobó que no es posible medir simultáneamente la posición y la velocidad de las partículas subatómicas, ya que las propiedades análogas a la velocidad y la posición, que en el mundo subatómico son más vagas, adquieren consistencia únicamente en el momento de la medición. (Principio de incertidumbre, 1929)

El físico austriaco Erwing Schrödinger desarrolló una ecuación que predice el comportamiento de una determinada partícula hasta un punto y a partir de ahí describe dos resultados igualmente probables para la misma unidad. En este punto, la ecuación se bifurca, de modo que la unidad tiene dos comportamientos diferentes en un mismo y único tiempo. En determinadas ocasiones, esta ramificación será seguida por otras hasta llegar a cuatro, ocho, dieciséis posibles resultados, ad infinitum. (Ecuación de Schrödinger, 1930)

La materia, a nivel de sus elementos constituyentes (micro), posee una cierta dualidad onda/partícula. En ocasiones parece comportase como una partícula mientras que en otras lo hace como una onda. Pero nuestra percepción cotidiana de lo que nos rodea (macro) no entiende de ondas, sino de partículas. Aquí se empieza a dibujar una importante rotura en el molde de nuestra comprensión de la materia, es decir, aquello que, en ultima instancia, nos compone.

Pero leyendo con detenimiento lo que hay detrás de estos enunciados, la brecha se hace aun más grande. Para observar/medir con precisión la posición de una partícula se necesita luz, pero resulta que la misma luz que es necesario aplicar para conocer la posición de aquella partícula, afecta el resultado de la medición. En el fondo, lo que nos dice esto, es que el mismo proceso de observar/medir algo modifica aquello que quiere ser observado/medido. Este hecho científicamente irrefutable conlleva un gran impacto a nivel filosófico.

Las leyes definidas por la Física cuántica rigen de forma determinista todo aquello que ocurre a nivel subatómico. Por ejemplo, practicamente toda la tecnología que nos rodea en la actualidad funciona gracias a estas leyes. Por cierto, unas leyes que están estrechamente ligadas con dos aspectos de las Matemáticas: la teoría de las probabilidades y los números complejos (la suma de un número real y, ésto siempre me ha encantado, uno imaginario).

Ya se sabe que las probabilidades son probadamente deterministas pero evidentemente indeterministas. Es decir, sabemos que cuando lanzamos un dado un numero ilimitado de veces, una de las caras saldrá con una frecuencia determinada. Pero no podemos saber cual será el resultado de la próxima tirada. Y eso crea una gran angustia (sobre todo a los ludópatas). Pero si todo ésto es un juego y nada es seguro ¿qué nos queda?

Estos principios tiraron por tierra el concepto de certidumbre sobre el cual se había basado nuestra representación del mundo. Ya no podemos hablar de certezas sino más bien de probabilidades. A destacar que el gran científico alemán Albert Einstein aportó inicialmente importantes fundamentos para construir la Mecánica cuántica y posteriormente luchó contra su indeterminismo, el cual no quiso aceptar, con su famosa frase: Dios no juega a los dados.

Al parecer Dios juega a los dados, pero podría tener una ventaja: si jugara limpio (es decir, si fuera realmente imparcial y no interfiriera observando la partida) e hiciera apuestas a largo plazo, sería capaz de saber con exactitud el resultado de la partida. Como siempre he creído que nuestra propia consciencia es parte de la consciencia universal (léase Dios), la hipótesis del juego limpio no se sostiene.

En cualquier caso, nosotros mismos somos los que, al observar el Universo, lo modificamos según nuestra proyección: somos una parte inextricable de este gran proyecto y los dados también están en nuestras manos. Incluso me atrevería a decir más: nuestros pensamientos (siendo el pensamiento la antesala de la acción) dirigen el resultado de la partida, siendo la partida algo así como una acumulación de tiradas.

La incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar. (Mario Vargas Llosa)

En búsqueda de la Teoria Unificada

Éste fue el primer libro que me explicó cual era el panorama de la Física y sus diferentes Teorías. El objetivo final de la Física (muy loable) sería encontrar un Teoría que pueda explicar todos los patrones observados hasta el momento en el Cosmos. Desde lo muy grande hasta lo muy pequeño.

Hasta el momento se han ido definiendo diferentes Teorías que explican correctamente un conjunto parcial de observaciones. Es decir, a nivel de lo muy grande hay unas leyes que predicen correctamente lo esperado. Y a nivel de lo muy pequeño también. Pero resulta que ambos conjuntos de leyes son incompatibles: nos volvemos a encontrar con una cierta incoherencia entre los niveles micro y macro. Al atravesar cierta frontera (y nadie sabe donde radica la misma) parece como si pasáramos de un país con una legislación a otro con otra bien diferente.

A raíz de esta incompatibilidad, gran parte de los esfuerzos actuales en el campo de la Física y las Matemáticas se centran en encontrar la tan anhelada Teoría de la Unificación. Posiblemente una Teoría Unitaria pueda dar respuesta a algunas de las grandes preguntas sobre el origen y el destino de nuestro Universo. Eso si es que hubo un origen (y si es que hay un destino) puesto que algunas de las respuestas en desarrollo apuestan por una visión cíclica.

Creo que ciertamente debe existir la tan preciada Teoría del Todo y que, tarde o temprano, encontraremos la solución. Otra cosa es que podamos comprenderla. Por ejemplo, algunas de las soluciones propuestas hasta ahora pasan por considerar algunas dimensiones adicionales a las cuatro habituales (tres del espacio + una del tiempo). A mi ya me cuesta moverme en las tres dimensiones del espacio, o sea que no se si podría ni siquiera intuir una solución con, por ejemplo, once dimensiones. Con toda probabilidad, algo se me escapará.

A menudo, en nuestra vida cotidiana, conocemos para que sirven las cosas e incluso como funcionan. Pero desconocemos la finalidad última de aquellas cosas. A menudo son tan solo un medio que nos ayuda en la consecución de una finalidad superior. Y ese objetivo superior podría estar bien (o mal) definido.

El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir. (Albert Einstein)

Las grandes preguntas

En el último capítulo de este espléndido libro, Stephen Hawking lanza al vuelo unas simples preguntas y, con gran humildad, extrae sus propias consecuencias. Unas admirables conclusiones que comparto.

Existen al menos tres preguntas que cualquier proyecto debería responder. Si observáis la cabecera de este blog, notareis que este mismo proyecto (del cual estáis leyendo un fragmento) también se las cuestiona.

¿Cómo?

Una pregunta explicita que necesita una respuesta explicita ¿Cómo funciona el universo? Esta sería la única pregunta a la que (humildemente) la Ciencia (en cualquier ámbito) podría dar una respuesta. La Teoría Unificada explicada anteriormente es la clave para ello.

Y si esta Teoría diera una respuesta, habríamos dado un gran paso. Podremos conocer el origen (si lo hubo) y el final (si lo hubiere). Pero nada más. Nosotros mismos (en nuestra actual versión, si es que aplican las versiones) sabemos de donde venimos (la concepción) y a donde vamos (la muerte) pero eso no responde a nuestras dudas más profundas.

Si hiciéramos un símil con la informática, la Ciencia podría comprender la implementación del programa, estudiar las entradas y las salidas, incluso saber cuando se inicia y cuando acaba… Pero las dudas más trascendentales tomarían otra forma ¿Hay más de una versión (léase reencarnación) del programa? ¿De dónde salió el programador? ¿Hay actualizaciones automáticas o el programa tendrá los mismos defectos para toda la eternidad?

¿Por qué y Qué/Quién?

Aquí es donde la Ciencia, tal como apunta Hawking, no alcanza ni alcanzará… ¿Por qué funciona el universo de esta forma? ¿Qué (o algunos preferirán Quién) hay detrás de este funcionamiento del universo?

Las eternas preguntas serán por siempre un enigma al cual tendremos que dedicar otro tipo de conocimiento. Un conocimiento más intuitivo e imaginativo que expanda los límites impuestos por el conocimiento más lógico y racional.

El gran proyecto para el cual buscamos un sentido es algo que nos supera y, a la vez, nos contiene de forma inextricable. Estamos íntimamente enmarañados/entrelazados con él. Aunque no lo queramos, somos arte y parte de ese plan.

Por tanto, tal vez deberíamos observar quietamente en lo más profundo de nosotros, centrarnos en nuestra propia esencia para entender nuestro objetivo final, un objetivo que es, en el fondo y en la forma, el mismo que el del plan que nos contiene. Quizás tan sólo seamos un medio, una expresión, para una finalidad superior. Esperemos que ese objetivo compartido tenga un sentido y que este sentido sea a fin de bien.

Stephen Hawking

Stephen Hawking

El mundo consiste en una multitud de proyectos, realizados algunos, a medio realizar otros, y algunos sin realizar. Todo lo que nos rodea en el mundo es un ilimitado mundo de proyectos. Pero pensando en uno mismo, no estamos tan seguros de ello. Pensamos que tener “un proyecto” es algo así como el negocio de otro, gente especial a los que llamamos creativos. Pero estoy convencido de que el único modo de tener una vida humana realmente valiosa es tener un proyecto propio, concebirlo y convertirlo en realidad. Tener un proyecto debería ser inherente a cada persona porque realizar un proyecto es dar cuerpo al significado de la vida. Es en el momento en que decidimos nuestro propio proyecto cuando superamos la “supervivencia” y empieza nuestra verdadera “existencia”.
El proyecto, por Ilya Kabakov

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