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Quemar la culpa

culpa

Culpa… ¿de qué?

En el comienzo de su lucha, el guerrero de la luz afirmó: “Tengo sueños”.

Después de algunos años, percibe que es posible llegar a donde quiere; sabe que será recompensado.

Llegado ese momento, se entristece. Ha conocido la infelicidad ajena, la soledad, las frustraciones que acompañan a gran parte de la humanidad, y considera que no merece lo que está a punto de recibir.

Su ángel susurra: “Entrega todo”. El guerrero se arrodilla y ofrece a Dios sus conquistas.

La Entrega obliga al guerrero a parar de hacer preguntas tontas, y lo ayuda a vencer la culpa.
Extracto del Manual del guerrero de la luz (Paulo Coelho)

Culpa

Ayer decidí lanzar a la hoguera un sentimiento que me atenazaba: la culpa. La culpa del adolescente, del adulto que ahora soy.

Elegí un rotulador repleto de tinta roja. Escribí en letras grandes, mayúsculas y separadas, cada una de las letras de ese insidioso sentimiento: La C, la U, la L, la P y la A. No las quería ni sentir en contacto con mis dedos.

El trazo contenía dolor, era una caligrafía demasiado tangible, nacida de la tierra. Levanté el papel para ponerlo a la altura de mis ojos. Miré ese soporte vegetal y noté como ligeras gotas tintadas de rojo, imbuidas de algún pecado ancestral, se deslizaban hacia abajo. Llegaban al límite inferior del papel y se apresuraban a concentrar goterones aun más rojos, aun mas rencorosos. Incluso alguno bajó más allá, buscando la imaginaria linea que lo conectaba con la tierra.

Pensé que esa lágrima roja nunca debía haber abandonado la tierra que la vio nacer.

Inocencia

Ayer decidí devolver a mi vida un sentimiento que añoraba: la inocencia. La inocencia del neonato que aun guardo en mi interior, la pureza de mi niñez.

Elegí una ligera pluma de color azul. Escribí en letras pequeñas y ligadas, cada una de las letras de ese ansiado sentimiento: La i, la n, la o, la c, la e, la n, la c, la i, la a. Sin solución de continuidad, tocándose en lo más íntimo.

Sentí que tal como escribía un aire fresco llenaba esos signos. Al acabar la linea que abrazaba sus letras, no pude evitarlo, de mi laringe brotó el suave susurro que dibujó en el aire el sonido puro de aquella palabra: inocencia.

Solve et coagula

Una vela, temblorosa pero firme, sirvió de hoguera para mi culpa. Una sencilla llama consumió un papel, disolvió mi culpa. Se llevó el pecado y su fealdad.

El papel que sobrevivió (pues siempre debe sobrevivir uno) se coaguló en mis manos. Lo deposité cerca del corazón, cerré mis ojos sintiendo como el calor de mis latidos lo protegía y respiré profundamente su gracia.

Entrego a Dios mi conquista, mi lucha de los últimos tiempos, mi batalla futura. Dios sabrá guardarla entre sus más divinos tesoros: la virtud y la hermosura.

Yo no tengo la culpa de que la vida se nutra de la virtud y del pecado, de lo hermoso y de lo feo. (Benito Pérez Galdós)

El árbol de las moras

El árbol no es otra cosa que una llama floreciente

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Intuiciones

Susurros

Un intuitivo susurro de nuestro ángel de la guarda

El guerrero de la luz conoce la importancia de la intuición.

En medio de la batalla, no tiene tiempo para pensar en los golpes del enemigo. Entonces usa su instinto y obedece a su ángel.

En tiempos de paz, descifra las señales que Dios le envía.

La gente dice: “Está loco”.

O bien: “Vive en un mundo de fantasía”.

O también: “¿Cómo puede confiar en algo que no tiene lógica?”

Pero el guerrero sabe que la intuición es el alfabeto de Dios, y continúa escuchando el viento y hablando con las estrellas.
Extracto del Manual del Guerrero de la Luz (Paulo Coelho)

Aquellos que siguen este espacio saben que las intuiciones se están convirtiendo en un factor preponderante dentro de mi existencia.

Me encuentro en un proceso de continuo aprendizaje, intentando descifrar señales que me llegan desde fuera y desde dentro…

Ambos tipos de señales llegan a mi corazón como un suave viento, como pequeñas ráfagas de aire que avivan rescoldos de inconscientes recuerdos. Hasta conseguir evocar la reminiscencia de un fuego antiguo que residía en su interior. Un fuego cuyas llamas desean conversar con la esencia de alguna estrella secreta.

La intuición posibilita cultivar símbolos antiguos. Son las letras de un alfabeto perdido de Dios. Aquellas que permitirán descubrir la clave de un tesoro olvidado.

Probamos por medio de la lógica, pero descubrimos por medio de la intuición. (Henri Poincaré)

Beastie Boys (Adam Yauch, RIP), Stand together

[…] contemplation time, intuition time, evolution time, resolution time […]

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El sentido de la vida

El sentido de la vida según Paulo Coelho. Subtítulos (CC) en castellano

¿Cuál es nuestra misión en esta vida? No busquemos la respuesta en el exterior. Observemos en nuestro interior. Centrémonos en nuestro corazón. ¿Qué nos dice?

La semilla: un sueño

Todo sentido de la vida tiene en su inicio un sueño: esa es la semilla de toda obra que deseemos ofrecer al mundo. Y tales semillas suelen crecer en los mundos de la imaginación.

Desgraciadamente, a veces, ese sueño anda enterrado bajo capas de apatías, miedos y frustraciones. Pero un sueño es un sueño y siempre estará ahí. Si cavamos lo suficientemente profundo en nuestro corazón, reaparecerá.

En tal caso, si el sueño se encuentra cerca de su superficie vital, nuestra existencia, podremos escuchar con nitidez como retumba, como se repite con una intensidad cada vez más evidente. Nuestro corazón nos habla. En ocasiones, chilla con voz alta y clara. Los latidos de nuestro sueño son audibles incluso desde la mismísima vigilia.

Y nuestro sueño cristalizará gracias a la fe y a la valentía que vertamos en él. La fe y la valentía nos permiten creer en algo de naturaleza eterea, mientras la pertinaz razón nos murmura que no es posible.

El alimento: el amor

Una vez tengamos claro cuál es nuestro (verdadero) sueño tenemos que alimentarlo con amor. Porque el amor por aquello que hacemos rellena nuestra labor de una sana alegría que nos desborda y se transmite a los que nos acompañan en la consecución de nuestro objetivo vital.

Tal como apunta Coelho, no se trata de un amor romántico, ni siquiera de uno fraternal o maternal/paternal. Hablamos de una pasión y un entusiasmo capaces de alumbrar nuestro sueño en los momentos de mayor oscuridad. Una energía que hace brillar y reír el astro celeste que ilumina nuestro camino. Un amor y un respeto por todas las cosas: las pequeñas y las grandes, las que nos indignan y las que nos ilusionan.

La labor: la perseverancia

La elaboración de nuestro sueño nos requiere al 100% y nos obliga a la perseverancia. Sin perseverancia (y sin amor) no podemos invocar a la (buena) suerte. Pero no se trata de un azar, se trata de una suerte que permite crear las condiciones para transmutar nuestro sueño en realidad. Con ambos ingredientes, y de forma sorprendente, esas circunstancias de incierto origen serán atraídas a nuestra vida.

El verdadero alquimista, aquel que consigue que el universo conspire a su favor, sabe que la perseverancia y el amor son fundamentales para esa alquimia que extiende los límites de nuestro corazón y abraza el corazón del universo.

El fruto: una catedral ofrecida al mundo

Como resultado de la semilla, del alimento y de la labor, obtendremos el fruto más precioso: nuestra catedral, aquella que ofrecemos a nuestra vida, y al mundo. Esa catedral puede tomar una multitud de apariencias pero, en cualquier caso, conforma el verdadero sentido de nuestra vida.

El sentido de mi vida ha estado largo tiempo enterrado, pero ya puedo sentir sus latidos cerca de mi superficie. Mi catedral, aquella que ofreceré a mi vida, son los cuentos del futuro. Unos cuentos que desean, a su vez, plantar semillas en cada una de las personas que los lean. Semillas que permitan a la humanidad soñar, imaginar y construir un futuro diferente, uno responsable y respetuoso. El fruto de la convicción presente es el futuro soñado.

Si se siembra la semilla con fe y se cuida con perseverancia, sólo será cuestión de tiempo recoger sus frutos. (Thomas Carlyle)

Una catedral: Santa Maria del Mar

Una catedral: Santa María del Mar (Barcelona)

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Leyendo en los labios vecinos

Señales del corazón en los labios

Señales del corazón en los labios

Un guerrero sabe que sus mejores maestros son aquellas personas con las que comparte el campo de batalla.

Es peligroso pedir un consejo. Pero es mucho más arriesgado darlo. Cuando él necesita ayuda, procura ver cómo sus amigos resuelven – o no resuelven – sus problemas.

Si busca inspiración, lee en los labios de su vecino las palabras que su ángel de la guarda quiere transmitirle.

Cuando está cansado o solitario, no sueña con mujeres y hombres distantes; busca a quien está a su lado y comparte su dolor o su necesidad de cariño, con placer y sin sentimiento de culpa.

Un guerrero sabe que la estrella más remota del Universo se manifiesta en las cosas que están a su alrededor.
Extracto del Manual del guerrero de la luz (Paulo Coelho)

Dios no escucha vuestras palabras, salvo cuando él mismo las profiere a través de vuestros labios. (Khalil Gibran)

Unos labios ardientes nunca mienten

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El pequeño príncipe

El principito

El pequeño principe, solitario en su asteroide

Esta maravillosa creación, El Principito (Le petit prince en el original), del aviador y escritor francés Antoine de Saint-Exupéry es una obra tremendamente alegórica, plagada de bellas metáforas y con un profundo mensaje en su trasfondo. Un mensaje que todo aquel que la ha leído ha intentado descifrar.

En esta entrada voy a probar de transcribir parte de (imposible todo) lo que me evoca esta obra imprescindible de la literatura universal. Además centro mi atención en dos pasajes que, tras reiteradas lecturas (y según mi opinión, claro está) pueden contener alguna de las claves de esta alegórica obra.

La sumisión de la imaginación y la ensoñación

El pequeño príncipe, engalanado como tal

El pequeño príncipe, engalanado como tal

Esta obra, entre muchas otras cosas, nos recuerda que, con el paso de la niñez a la madurez, parece como si se quisiera imponer al niño que todos llevamos dentro una dictadura del lado izquierdo de nuestro cerebro. Éste es un tema que ya traté ampliamente en otra entrada dedicada a los mapas mentales.

Una dictadura en la cual las funciones del lado izquierdo (lógica, análisis, palabras, números, secuencia, linealidad, listas…) someten a aquellas del lado derecho (imaginación, ensoñación, color, dimensión, ritmo, percepción espacial, gestalt…)

Para que os hagais un idea, las funciones de la parte izquierda son las que predominarían en una tratado de ingeniería o filosófico mientras que las funciones de la parte derecha son las que predominarían en las artes gráficas o en una obra musical.

Tal como apunta el personaje que conduce la narración en su inicio, a los niños se les va haciendo enterrar, poco a poco, sus sueños, su capacidad de imaginar nuevos mundos, de crearlos a través de la pintura y la imaginación.

Se les fuerza a pasar de un mundo (el de la niñez) donde predominan las funciones del lado derecho a otro (el de la madurez) donde predominan las del lado izquierdo. La imaginación y las ensoñación pierden su revelancia.

Y, ya se sabe, las dictaduras nunca son buenas. Son mucho mejor las democracias: un sistema donde ambas partes trabajan sinérgicamente en busca de un bien común. Tal como apuntó uno de los mayores genios de la humanidad:

Estudia el Arte de la Ciencia y la Ciencia del Arte (Principio Arte/Scienza, Leonardo da Vinci)

Razón vs Corazón

La rosa del pequeño príncipe

La rosa del pequeño príncipe

Éste es un tema que no aparece de forma explicita en el relato, pero se trata de una constante a lo largo de la vida y obra del autor.

Tal como vamos madurando (acumulando miedos y experiencias negativas) se produce una paulatina degradación de la pasión (o entusiasmo) en nuestro interior, a favor de una componente más racional. El corazón pierde preponderancia respecto a la razón. El reino de los sentimientos se posterga ante el reino de los pensamientos.

En más de una ocasión he transcrito en este blog que para que un pensamiento devenga sentimiento tiene que impregnarse de una componente emocional, de una emoción de las que nacen en las entrañas. Es en esa intersección entre pensamiento y emoción donde nace el sentimiento que aviva la pasión y el entusiasmo que nos impulsará en la consecución de nuestros sueños, proyectos u objetivos vitales, sean de la índole que sean.

Mientras que los ojos son vigías de la razón, los sentimientos habitan en el corazón y captan mejor la esencia de nuestros verdaderos deseos.

Sólo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos. (Antoine de Saint-Exupéry)

Hay en el mundo un lenguaje que todos comprenden: es el lenguaje del entusiasmo, de las cosas hechas con amor y con voluntad, en busca de aquello que se desea o en lo que se cree. (Paulo Coelho)

Un corazón feliz

Pero, al final, lo que el pequeño principe desea transmitir a su amigo adulto son las claves para la felicidad. Porque todos buscamos en nuestro corazón la misma recompensa: la felicidad.

Y si todavía existe un niño que imagina y sueña en nuestro interior, si todavía no lo hemos enterrado del todo, debemos escuchar con mucha atención lo que nos dice. Pero no con la razón, sino con la más pura esencia de nuestro corazón.

La música del agua

El pozo que habíamos encontrado no se parecía en nada a los pozos saharianos. Estos pozos son simples agujeros que se abren en la arena. El que teníamos ante nosotros parecía el pozo de un pueblo; pero por allí no había ningún pueblo y me parecía estar soñando.
—¡Es extraño! —le dije al principito—. Todo está a punto: la roldana, el balde y la cuerda…

Se rió y tocó la cuerda; hizo mover la roldana. Y la roldana gimió como una vieja veleta cuando el viento ha dormido mucho.
—¿Oyes? —dijo el principito—. Hemos despertado al pozo y canta.

No quería que el principito hiciera el menor esfuerzo y le dije:
—Déjame a mí, es demasiado pesado para ti.

Lentamente subí el cubo hasta el brocal donde lo dejé bien seguro. En mis oídos sonaba aún el canto de la roldana y veía temblar al sol en el agua agitada.
Tengo sed de esta agua —dijo el principito—, dame de beber…

¡Comprendí entonces lo que él había buscado!

Levanté el balde hasta sus labios y el principito bebió con los ojos cerrados. Todo era bello como una fiesta. Aquella agua era algo más que un alimento. Había nacido del caminar bajo las estrellas, del canto de la roldana, del esfuerzo de mis brazos. Era como un regalo para el corazón.

(Extracto del Capítulo XXV, El principito)

La música del agua

La música del agua

En este pasaje, el autor hace uso de una sutil metáfora sinestésica para indicar el encuentro con un verdadero regalo para cualquier corazón sediento: la música del agua. Aquí el agua representa una paz profunda y la musical sinestesia encierra un evidente homenaje a los sentidos.

Como es sabido, el autor quedó seducido por el desierto y sus leyes misteriosas (¿que tendrá el desierto que sirve como catalizador para todo tipo de alquimistas?) Allí comenzó a crecer su afición por el silencio y la meditación, la cual es una evolución de lo que se denomina la atención plena.

Y la atención plena (condición necesaria para la meditación) es tan solo una amplificación de un sentir lleno, de un centrarse en cada sensación del momento presente. Tal como apuntó uno de los mayores genios de la humanidad, debemos potenciar el vínculo con nuestros sentidos, porque ese vínculo sirve como canalización para la comprensión y expresión del sentir.

El común de las personas ve sin mirar, oye sin escuchar, toca sin sentir y come sin saborear, se mueve sin percibir sus movimientos, huele sin distinguir ni olores ni perfumes y habla sin pensar. (Leonardo da Vinci)

Debemos potenciar los sentidos. (Principio Sensazione, Leonardo da Vinci)

Además, como resultado de la paz derivada de la meditación, se capta/asimila una profunda conexión entre todas las cosas (“Había nacido del caminar bajo las estrellas, del canto de la roldana, del esfuerzo de mis brazos“). Una conexión inherente a una comprensión universal y unitaria:

Tenemos que darnos cuenta de que, de alguna manera, todo está relacionado. (Principio Connessione, Leonardo da Vinci)

La risa de las estrellas

—Es como el agua. La que me diste a beber, gracias a la roldana y la cuerda, era como una música ¿te acuerdas? ¡Qué buena era!

—Sí, cierto…

—Por la noche mirarás las estrellas; mi casa es demasiado pequeña para que yo pueda señalarte dónde se encuentra. Así es mejor; mi estrella será para ti una cualquiera de ellas. Te gustará entonces mirar todas las estrellas. Todas ellas serán tus amigas. Y además, te haré un regalo…

Y rió una vez más.
—¡Ah, muchachito, muchachito, cómo me gusta oír tu risa!

—Mi regalo será ése precisamente, será como el agua

—¿Qué quieres decir?

La gente tiene estrellas que no son las mismas. Para los que viajan, las estrellas son guías; para otros sólo son pequeñas lucecitas. Para los sabios las estrellas son problemas. Para mi hombre de negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas se callan. Tú tendrás estrellas como nadie ha tenido

—¿Qué quieres decir?

—Cuando por las noches mires al cielo, al pensar que en una de aquellas estrellas estoy yo riendo, será para ti como si todas las estrellas riesen. ¡Tú sólo tendrás estrellas que saben reír!

(Extracto del Capítulo XXVI, El principito)

El principito y la estrella

El principito y la estrella

Las estrellas representan deseos, sueños, proyectos… en resumidas cuentas: objetivos vitales.

Pero todos esos objetivos tienen que quedar impregnados de una sana alegría (“estrellas que saben reír“) para que su consecución sea una tarea menos tediosa, más divertida y amena.

Esa alegría tiene su origen tanto en el entusiasmo y la pasión con la cual encaramos su conquista, como en la atención plena.

Una atención plena que nos permitirá saborear los pequeños detalles del día a día. Porque es en esos detalles insignificantes donde vamos a encontrar la mayor despensa para nuestra felicidad.

En cualquier caso, es el corazón quien nos debe guiar en nuestro camino hacia la estrella de nuestros sueños. Como motor y como piloto. Como avión sin fisuras.

Si quieres comprender la palabra felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin. (Antoine de Saint-Exupéry)

Dedicatorias

Desearía dedicar esta entrada a tres pequeños príncipes.

El primer pequeño príncipe es mi sobrino Héctor. Hoy es el día de su primer aniversario ¡¡Muchas felicidades, Héctor!!  Otra gotita de sangre que confio que fortalecerá Rojo Transitorio en un futuro no demasiado lejano. Hoy mismo, en breve, partiré hacia Madrid para hacerle entrega de un regalo… ¿alguien se imagina cuál podría ser?

El segundo pequeño príncipe es mi hijo Marc. Una estrella en mi firmamento, la más brillante, que se ilumina para guiar a todos aquellos que le rodean. La más simple resolución para la ecuación de mi felicidad.

El petit príncep

Felicidad = música del agua + risa de una estrella

Y el último es el pequeño principe que llevo en mi interior, aquel que me acompaña. Un encantador ser que ya andaba demasiado tiempo olvidado, entre sueños profundamente enterrados bajo capas y capas de tediosas y miedosas realidades. Ahora ya vuelve a estar a mi lado, recordándome las cosas importantes de esta vida.

Haz de tu vida un sueño, y de tu sueño una realidad (Antoine de Saint-Exupéry)

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Suerte o azar

Suerte o azar

Suerte o azar

Un hombre muy piadoso se vio, de repente, privado de todas sus riquezas. Sabiendo que Dios podía ayudarlo en cualquier circunstancia, comenzó a rezar:
— Señor, haz que gane a la lotería — pedía él.
Durante años y años rezó, y continuó siendo pobre.
Finalmente llegó el día de su muerte y, como era muy piadoso, fue directamente al cielo.
Al llegar, se negó a entrar. Dijo que había vivido toda su vida de acuerdo con los preceptos religiosos que le habían enseñado, y que Dios jamás había hecho que ganase a la lotería.
— Todo lo que me prometiste, Señor, no es más que una mentira —dijo el hombre, enfadado.
— Siempre quise ayudarte a ganar —respondió el Señor—. Sin embargo, por más que yo quería ayudarte, nunca compraste un billete de lotería.
Extracto de Maktub, Paulo Coelho.

Un sutil diferencia

Mientras que la mayoría de diccionarios de sinónimos colocan a la suerte y el azar (o la casualidad) en el mismo cesto, existe una sutil diferencia entre estos dos conceptos. Podemos crear las circunstancias para atraer la (buena) suerte a nuestro destino, mientras que el azar tiene un origen mas escurridizo, mucho más difícil de modelar.

Un decálogo para la (buena) suerte

De esto trata este excelente libro titulado La buena suerte. Esta ocurrente obra de dos autores catalanes (Álex Rovira y Fernando Trías de Bes) podría resumirse con este decálogo que define a la perfección el concepto de la (buena) suerte, la elaborada, aquella que está desprovista de azar.

Primera Regla de la Buena Suerte
La suerte no dura demasiado tiempo, porque no depende de ti. La Buena Suerte la crea uno mismo, por eso dura siempre.

Segunda Regla de la Buena Suerte
Muchos son los que quieren tener Buena Suerte, pero pocos los que deciden ir a por ella.

Tercera Regla de la Buena Suerte
Si ahora no tienes Buena Suerte tal vez sea porque las circunstancias son las de siempre. Para que la Buena Suerte llegue, es conveniente crear nuevas circunstancias.

Cuarta Regla de la Buena Suerte
Preparar circunstancias para la Buena Suerte no significa buscar sólo el propio beneficio. Crear circunstancias para que otros también ganen atrae a la Buena Suerte.

Quinta Regla de la Buena Suerte
Si «dejas para mañana» la preparación de las circunstancias, la Buena Suerte quizá nunca llegue. Crear circunstancias requiere dar un primer paso… ¡Dalo hoy!

Sexta Regla de la Buena Suerte
Aun bajo las circunstancias aparentemente necesarias, a veces la Buena Suerte no llega. Busca en los pequeños detalles circunstancias aparentemente innecesarias…, pero ¡imprescindibles!

Séptima Regla de la Buena Suerte
A los que sólo creen en el azar, crear circunstancias les resulta absurdo. A los que se dedican a crear circunstancias, el azar no les preocupa.

Octava Regla de la Buena Suerte
Nadie puede vender suerte. La Buena Suerte no se vende. Desconfía de los vendedores de suerte.

Novena Regla de la Buena Suerte
Cuando ya hayas creado todas las circunstancias, ten paciencia, no abandones. Para que la Buena Suerte llegue, confía.

Décima Regla de la Buena Suerte
Crear Buena Suerte es preparar las circunstancias a la oportunidad. Pero la oportunidad no es cuestión de suerte o azar: ¡siempre esta ahí!

Síntesis
Crear Buena Suerte únicamente consiste en. ¡Crear circunstancias! El nuevo origen de la Buena Suerte dado que crear Buena Suerte es crear circunstancias… La Buena Suerte solamente depende de TI.

Comprar billetes de lotería

Pero está claro que para atraer la (buena) suerte a tu vida tienes que comprar billetes de lotería. Tal como indica el texto de cabecera extraído de Maktub, si no compramos billetes, Dios no estará de nuestro lado.

Y este alegórico texto no se refiere al hecho de apostar en algún juego de azar, sino que debemos asimilar que nuestra propia vida está repleta de apuestas. Apuestas en forma de oportunidades que debemos jugar. En algunas perderemos, pero en alguna otra (cuando hayamos creado las circunstancias propicias) ganaremos.

Y el placer de apostar y ganar cuando hay en juego alguno de nuestros sueños, no tiene precio. Porque soñar, imaginar, preparar y crear (con talento y sudor) nuestro propio billete de lotería es, sin duda, la apuesta más segura que nunca hayamos podido jugar.

Muchos creen que tener talento es una suerte; nadie que la suerte pueda ser cuestión de tener talento. (Jacinto Benavente)

Soy gran creyente en la suerte, y he descubierto que mientras más duro trabajo, más suerte tengo. (Stephen Leacock)

Suerte es lo que sucede cuando la preparación y la oportunidad se encuentran y fusionan. (Voltaire)

Probando tu suerte con The Strokes

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El Dios de los valientes

El camino de nuestros sueños

El camino de nuestros sueños

Dice el maestro:

Si recorres el camino de tus sueños, comprométete con él. No dejes la puerta de salida abierta, con la disculpa de: «Esto no es lo que quería.» Esta frase guarda en sí misma la semilla de la derrota.

Asume tu camino. Aunque tengas que dar pasos inciertos, aunque sepas que puedes hacer mejor lo que estás haciendo. Si aceptas tus posibilidades en el presente, con toda certeza, mejorarás en el futuro.

Pero si niegas tus limitaciones, jamás te librarás de ellas.

Afronta tu camino con coraje, no tengas miedo de las críticas de los demás. Y, sobre todo, no te dejes paralizar por tus propias críticas.

Dios estará contigo en las noches de insomnio, y enjugará las lágrimas ocultas con Su amor.

Dios es el Dios de los valientes.
(Extracto de Maktub, Paulo Coelho)

Valentía

Valentía es admitir tus temores y enfrentarlos cara a cara. Es tener la fortaleza de pedir ayuda y la humildad de aceptarla.

Valentía es defender tus principios sin preocuparte por lo que otros dirán. Es escuchar tu corazón, vivir tu vida y no aceptar sino lo que para ti es lo mejor.

Valentía es tomar el primer paso, dar un gran salto, o cambiar de camino. Es intentar lo que nadie supo hacer jamás, y todos creen imposible.

Valentía es mantener el espíritu en los desencantos, y considerar las derrotas no como el fin sino como un nuevo comienzo. Es creer que por fin las cosas mejorarán, aunque ahora parezcan peores.

Valentía es tomar responsabilidad de tus acciones, y saber admitir tus errores sin culpar a los demás. Es saber confiar, no en los demás, sino en tu habilidad y esmero para triunfar.

Valentía es negarse a desistir, aunque la imposibilidad te intimide. Es trazar tu meta, mantenerte fiel a ella, y hallar las soluciones para los obstáculos.

Valentía es pensar en grande, apuntar bien alto y llegar bien lejos. Es adoptar un sueño y hacerlo todo, arriesgando todo, no desistir ante ningún obstáculo para tornarlo realidad.

La anterior definición (poética) de la valentía según Caroline Kent es una de las más afortunadas que haya podido leer nunca.

De todas las acepciones, la que más admiro es aquella que supone un riesgo de derrota… un compromiso con nuestros sueños, un pacto para con nuestro futuro y una victoria sobre los obstáculos que nos imponemos nosotros mismos (en la mayoría de las ocasiones, por haber dejado de imaginar el triunfo)

Debemos parir nuestro sueño, verlo crecer y convertirlo en realidad. Y si no lo hacemos, nuestra existencia adolecerá de algo consustancial, de un aliento vital para nuestra alma, de las alas del deseo que edifican la silenciosa columna de la victoria sobre uno mismo.

Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo. (Aristóteles)

FangoriaDios odia a los cobardes

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Saltar al agua

Saltar al agua

Saltar al agua

Cuando el viajero tenía diez años,
su madre lo obligó a hacer un curso de educación física.
Uno de los ejercicios consistía en saltar de un puente al agua.

Se moría de miedo. Se quedaba en el último lugar de la cola,
y sufría cada vez que uno de los otros niños saltaba delante de él,
porque en breve llegaría el momento de su salto.

Un día, el profesor, al ver su miedo, lo obligó a saltar el primero.
Tuvo el mismo miedo, pero pasó tan rápido que empezó a tener coraje.

Dice el maestro:

Muchas veces hay que darle tiempo al tiempo.
Otras veces, hay que remangarse y resolver la situación.
En este caso, no existe peor cosa que retrasarlo.

Extracto de Maktub (Paulo Coelho)

Preocupaciones

Las preocupaciones nos roban energía. Incluso, en ocasiones, nos paralizan. De hecho, la propia etimología de esta palabra ya indica por donde van los tiros. Pre-ocuparse significa ocuparse de algo antes del tiempo que le correspondería. Nos tenemos que ocupar de los asuntos que merecen nuestra atención en el momento exacto… ni antes… ni después.

Cualquier preocupación tiene que ser:
1. resuelta lo antes posible (si podemos resolverla ahora mismo, sin posponerla para más tarde, mucho mejor) o
2. apartada de nuestro radar de atención hasta que cambien las condiciones que nos permitan resolverla o
3. simplemente desechada porque no podemos hacer nada con ella, ni ahora, ni en el futuro.

Estas premisas, extraídas de un excelente libro al que ya dediqué atención en el pasado, son básicas a la hora de afrontar la infinidad de ocupaciones acarreadas por el complejo mundo en el cual nos movemos.

El cuarto de los trastos abandonados

Otro de los pasajes del anterior (e imprescindible) libro que me quedaron grabados en la memoria fue aquel que hacía referencia a cierta habitación: la de los trastos abandonados. El autor decía que, a veces, vamos colocando preocupaciones en ese cuarto y cerramos bien la puerta para intentar olvidarnos de ellas.

Pero aunque la puerta de ese cuarto se mantenga bien cerrada, se encuentra en nuestra propia casa, en nuestra propia mente. Y cada vez que pasamos por delante de esa puerta, la puerta nos recuerda lo que hay dentro… y nos incomoda subconscientemente (en ocasiones, incluso inconscientemente)

Las preocupaciones en ese cuarto son las peores, porque se van enquistando en nuestra mente de forma subrepticia, se van convirtiendo en semillas para sutiles disfraces del miedo. En este caso, tenemos que abrir la puerta, con valentía, y afrontar toda la (más que probable) podredumbre que haya en su interior. Si no, nos arriesgamos a malgastar nuestra vida, nuestras energías y nuestro tiempo, en preocupaciones estancadas, como pesadas losas, en lo profundo de nuestro espíritu.

Esta preocupación constante e improductiva que experimentamos por todo lo que tenemos que hacer es lo que más tiempo y energía consume. (Kerry Gleeson)

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Mudanzas

Cajas de mudanza

Cajas... de mudanza

En ciertas tradiciones mágicas,
los discípulos dedican un día al año o un fin de semana,
si fuese necesario, a entrar en contacto con los objetos de su casa.

Tocan cada cosa y preguntan en voz alta:
—¿Realmente necesito esto?
Cogen los libros de la estantería:
—¿Volveré a leer este libro algún día?
Miran los recuerdos que guardaron:
—¿Aún considero importante el momento que este objeto me hace recordar?
Abren todos los armarios:
—¿Cuánto tiempo hace que tengo esto y no lo he usado? ¿Lo voy a necesitar?

Dice el maestro:

Las cosas tienen energía propia.
Cuando no se utilizan, acaban por transformarse en agua estancada dentro de casa,
un buen lugar para mosquitos y podredumbre.
Es preciso estar atento, dejar que la energía fluya libremente.
Si conservas lo que es viejo,
lo nuevo no tiene espacio para manifestarse.

Extracto de Maktub (Paulo Coelho)

Ligero equipaje

Últimamente me he acostumbrado a vivir de un sitio para otro, una semana aquí, otra allá. Transportando poco equipaje. Lo justo de ropa y calzado, unos cuantos libros y apuntes… y mi preciado MacBook (aquello que me mantiene enganchado a la red de redes). La verdad es que moverte con poco lastre te libera de cargas mentales, te permite concentrarte en lo esencial de la vida. Aprendes que viajar ligero de equipaje es un valor en sí mismo.

Mudanzas

Y ahora ha llegado el momento de la mudanza, ahora toca seleccionar que objetos mudar de una antigua vivienda. Aplicaré los principios que apunta arriba el maestro… aunque ya puedo asegurar que me voy a desprender de casi todo… excepto de aquellos objetos que sirvan de soporte a las diferentes formas del Arte y de la Ciencia.

A estos les tengo demasiado apego… aunque quizás no sea bueno tanto apego a unos simples objetos, por mucho Arte o Ciencia que contengan. El día que la muerte nos llame por nuestro nombre, tendremos que partir y seleccionar lo mínimo: algo que sea ligero equipaje para tan largo viaje.

Un viaje es una nueva vida, con un nacimiento, un crecimiento y una muerte, que nos es ofrecida en el interior de la otra. Aprovechémoslo. (Paul Morand)

Que tinguem sort de Lluis Llach, con sus letras

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Las Puertas de Shambhala

Las puertas de Shambhala

Las puertas de Shambhala

En el Tibet creen en la existencia de un reino sagrado, Shambhala, oculto en algún rincón del remoto himalaya.

[…] Muchos consideran que aún es posible llegar a Shambhala, pero el camino es largo y está lleno de peligros. Quien tiene la suerte de llegar a sus puertas debe aprovechar la oportunidad de penetrar en el reino. Si no lo hace y lo posterga para más adelante, tal vez nunca más vuelva a encontrarlo. Las puertas de Shambala se abren una sola vez en la vida, y el que no las atraviesa queda fuera para siempre.

Este mito enseña algo muy importante ”la vida no espera”, por lo tanto, si hay un sueño, se debe tratar de hacerlo realidad. Si no se toma la iniciativa con el primer entusiasmo, tal vez nunca vamos a hacerlo.

Cuantas veces se deja pasar los días y los años sin que nada importante suceda. Los que no arriesgan son los primeros en sentir lo aburrida que es su vida. Se espera que las cosas cambien, que la felicidad llegue, pero no llegará como una dádiva. Hay que arriesgar, atreverse en dar el primer paso.

Se dice que cada oportunidad y cada momento es único y se presenta en el momento adecuado para que uno las pueda conseguir, está oportunidad quizás se repita o tal vez no, pero si se repite ya uno no será el mismo y no se tendrá las mismas capacidades para alcanzarlas, como en el momento que se presento esa oportunidad, cuando debería haberse aprovechado.

Ahora o nunca”, Si la puerta de Shambhala se ha abierto en tu vida, entra sin dudar.

Es mejor no dejarse inmovilizar por la duda, el miedo a agravar la situación, la resignación o la dependencia de opiniones de terceros. Es preferible errar cien veces que someterse a la rutina.
Fuente: Las puertas de Shambhala en Sarvavita.

Señales

La vida, nuestra vida, está repleta de señales que son brindadas, algunas por la intuición o el inconsciente, otras por hechos o circunstancias que nos llegan de forma aparentemente casual. Aunque yo lo tengo muy claro: nada es casual, o dicho de otra forma, todo es causal.

Pero ¿cuáles serían las señales que nos llevarán a las mismas puertas de Shambhala? Difícil pregunta… pero intuyo que la respuesta es mucho más sencilla de lo esperado: hay que probar con aquellas que nos marca el corazón (y cierta sublimación de los sentimientos que se denomina intuición) así como perseverar una y otra vez.

Si nos caemos siete veces hay que levantarse ocho, dice un proverbio japonés. Porque lo realmente importante es probar una y otra vez, persistir, hasta alcanzar la mismísimas puertas de nuestro sueño en el mundo de la vigilia. Y tengo la completa certeza de que si creemos de verdad en nuestro sueño, algún día lo alcanzaremos. Incluso después de innumerables caídas.

Señales según Paulo Coelho. Subtítulos (CC) en castellano

Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él. (Paulo Coelho)

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