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Multiplicidad o eficacia


Multiplicity (aquí traducida como Mis dobles, mi mujer y yo) es una divertida comedia dirigida por Harold Ramis en el año 1996.

Tras verla hace ya muchos años, no se porqué, me quedó profundamente grabada en la cabeza la original idea del guión: crear dos clones, colocar uno en el trabajo y colocar al otro con la familia (pareja e hijos) para que el original pueda disponer del tiempo suficiente para (permitirse el lujo de) dedicarse a sus propios proyectos vitales de índole personal. ¡Fantástico, yo también quería tener dos clones!
Al final, en la película, la difícil gestión de los clones (difícil si deseas que nadie se entere) se complica y como no, acaba mal. Pero la idea era buena, al menos en concepto.

En el fondo, supongo que muchos de los que hemos lidiado con una relación de pareja (sobre todo si hay hijos) y una relación laboral, hemos sentido alguna vez que abandonamos algunas de nuestras inquietudes personales, simplemente, por falta de tiempo. Y quizás no debiera ser así.

O sea que, ante este problema, disponemos de dos opciones:

  • o crear dos clones (sólo dos, para evitar problemas)
  • o leer el libro Getting Things Done y llevarlo a la práctica

Éstas serían las opciones…

Cualquier programa o acción conlleva riesgos y costes, pero son mucho menores que los enormes riesgos y costes que provoca la cómoda inactividad. (J.F.Kennedy)

Más vale prevenir que curar

Burns ante la crisis

Dentro de una serie de artículos referidos a los diversos tipos de crisis, vamos a tratar aquí una de las posibles opciones que tenemos ante cualquier crisis.

Es en la profilaxis donde deberíamos centrar todos nuestros esfuerzos: prevenir todo aquello que pueda ser previsto antes de que se consume la crisis. Ante los imprevistos (por ejemplo: una situación azarosa de la vida como un accidente u otra circunstancia que no podemos controlar) no tendremos mas remedio que afrontarla de la mejor forma posible. Ésto será tratado en otro artículo.

Y os preguntareis como podemos prever ciertas circunstancias. Para ilustrarlo, supongamos que nuestra vida es como una travesía en una embarcación: con un punto de partida, un camino con diversas escalas a seguir y un destino. En este caso, podemos prever las vicisitudes de la travesía, por una parte, estando atentos a las señales que van sucediendo a nuestro alrededor y por otra, controlando el rumbo de nuestra travesía para modificarlo cuando detectemos posibles derivas.

Señales

La mayoría de las veces, la vida nos muestra numerosas señales acerca de aspectos que no van por el buen camino. Si estamos suficientemente atentos a las señales, podremos enmendar a tiempo de evitar el apogeo de la crisis. Volviendo al ejemplo de la travesía y la embarcación, sería bueno disponer de alguna cartografía detallada de la zona que se desea atravesar, con detalle de la posición de los escollos. Y si no hubiera cartografía, como en la antigüedad, se debe estar en la proa o en un mástil elevado para corregir el rumbo tal como se avanza.

Veamos algunos ejemplos de señales que pueden ir apareciendo en nuestras vidas.

  • en el tema de la salud, todos sabemos de alguna experiencia (propia o ajena) en la que el cuerpo ha ido dando avisos frente a ciertas tendencias erróneas antes de desembocar en alguna enfermedad crónica.
  • en el tema de las relaciones, antes de, por ejemplo, una rotura conyugal por una de las partes, se han ido produciendo una serie de señales inequívocas (discusiones, indiferencia…) que en muchas ocasiones, solo sabremos interpretar y reconocer a toro pasado, cuando ya es demasiado tarde.
  • en el apartado laboral, las señales suelen tener forma de apatía, dejadez, desidia o falta de motivación por nuestra labor. Si lo que nos afecta es una crisis financiera, posiblemente hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades, sin tener en cuenta que ciertos parámetros económicos no están bajo nuestro control. Las señales, en esta coyuntura, pueden estar sutilmente disfrazadas. Sin el apoyo de unos valores de peso (ahora tan reclamados: cultura del esfuerzo, del ahorro) no seremos capaces de detectarlas.
  • si los que se tambalean son nuestros valores u objetivos vitales, podría denotar que no tenemos claro hacia adonde estamos dirigiendo nuestra vida. Volviendo a la ilustración de la travesía en barco, vamos a la deriva en un vasto océano, hemos abandonado el timón para posiblemente escondernos en la bodega. Las señales en este caso suelen ser desánimo, depresión, tristeza…

Control

Sin duda, tenemos mucho más dominio del que creemos sobre las cosas que pasan (y que pasarán) en nuestra vida. Si pensamos que no tenemos ese control, estamos perdiendo uno de los poderes fundamentales de nuestra vida. Entregar ese poder a otros (o a las inclemencias del destino) significa malograr nuestro más preciado don. Debemos creer firmemente en nuestra capacidad de controlar nuestro destino. Si no somos capaces de gobernar con decisión el timón de nuestra embarcación, estaremos a merced del tiempo, de las corrientes o de cualquier otra circunstancia.

Si hemos sido capaces de detectar las señales, estamos a tiempo de corregir el rumbo. Nos harán falta voluntad, energía y que un nuevo rumbo se dibuje, o más bien se esculpa, en nuestro espíritu.

  • en el tema de la salud, hemos de ser conscientes de que sólo tenemos una vida y que ir deteriorando su fortaleza es una autentica locura. Muchos recorridos en este sentido son irreversibles. Nuestra salud nos provee de la energía necesaria para afrontar todos los retos. Por tanto, atraigamos a nuestra vida todo los hábitos saludables a nuestra disposición (dieta equilibrada, ejercicio…) y apartemos de ella aquellos perniciosos (excesos o defectos, tensión, sustancias nocivas…)
  • en el tema de las relaciones, tenemos que ser conscientes de que nos rodeamos de las personas o labores a las cuales hemos permitido entrar en nuestra vida (nuestra familia seria una excepción, pues viene predeterminada). En cualquier caso, si no nos encontramos a gusto con la otra parte, no hay mas opciones que convenir un nuevo pacto o romper la relación. Como todo el mundo sabe, la negociación requiere habilidad: ceder en un punto para ganar en otro. Pero, tengámoslo claro, si no actuamos en un sentido u otro, no conseguiremos cambiar las tendencias.
  • en el apartado de las finanzas, tal como hemos apuntado arriba, se trata más bien de fortalecer unos valores que nos ayuden a tomar las decisiones correctas. Hoy en día, la globalización ha convertido el mercado laboral/empresarial en una jungla despiadada donde si no estamos lo suficientemente preparados, seremos expulsados sin piedad. Lo que no sirve de nada es acomodarnos y/o quejarnos. Hemos de incrementar de forma continuada el valor de nuestra aportación. Esto implica no dejar de aprender para hacer las cosas siempre algo mejor. Esta filosofía, sin duda, es conveniente para todos los aspectos de la vida.
  • Elegir y administrar correctamente los valores y objetivos de nuestra travesía es lo que nos permitirá alcanzar el puerto final seleccionado. Si son elevados y congruentes, nuestro viaje podrá conquistar un destino tanto más lejano y el itinerario habrá sido mucho más amable de lo esperado: los vientos nos habrán sido favorables. Cambiemos los valores con los que no nos encontramos a gusto, definamos de forma coherente, sin prisa, pero sin pausa, objetivos cada vez más ambiciosos. Está en nuestras manos hacerlo.

Ponerse la venda antes que la herida

No hay que confundir “Mas vale prevenir que curar” con “Ponerse la venda antes que la herida”. La segunda implica recelo, desconfianza o temeridad más que prevención. Vivir con miedo significa vivir atenazados, oprimidos por la venda. Olvidémonos de las vendas hasta que no sean necesarias (pero sepamos donde está el botiquín por si se precisa)

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